Pólvora Live
Feuerschwanz convirtó el Circo Volador en su propio “Knightclub”
La banda alemana de metal folklórico Feuerschwanz pisó por primera vez tierra azteca y cabalgó con fuerza en un debut memorable
A veces, divertirse es la clave para conquistar al público. Al menos a Feuerschwanz, banda alemana formada como una sátira para este tipo de agrupaciones, le ha salido bien la jugada. Convirtiéndose en un fenómeno muy popular en su país y comenzando a trascender en Latinoamérica, convenciendo incluso a la crítica con su más reciente álbum, Knightclub, mismo que los trajo desde la Tierra Media y las peleas vikingas hasta la CDMX. La meta: conquistar nuevos territorios.
Dragones, mitología y metaleros: la locura de Feuerschwanz
Aunque no acapararon el escenario principal del Circo Volador, la banda si convocó a sus fieles cazadores de dragones disfrazados de metaleros, uno que otro elfo, algunos vikingos con hachas inflables y hasta algunos godínez despistados amantes de este tipo de música para la celebración de la tocada.


Para estar hasta el frente, algunos llegaron desde las 5 o 6 de la tarde, todo con tal de sentir la vibra incandescente del Knightclub Tour. Ya adentro, con chelas en mano para contrarrestar el calor que se sentía y el sudor extremo de los guerreros a punto de rockear, no se escapaban algunos que ya habían comprado su souvenir, que eran playeras de la banda con valor de 700 pesitos. Una teniendo un bebé dragón bastante coqueto con el logo de la agrupación en la espalda, y el otro modelo invitando a abrazar el modo Berzerker.
Así, llegaron los barcos de Feuerschwanz sin abridor, sin calentamiento, solo con sus instrumentos, sus indumentarias y el fondo de tela con la portada del más reciente disco, un dragón feroz mirando de frente. Así, los acordes de Drunken Dragon comenzaron este encuentro en punto de las 8 y media de la noche, desatando los gritos y el entusiasmo de sus fanáticos que llenaron esta parte pequeña pero ruidosa del sitio.
Fieles al estilo teatral y bien acompañados de sus dos bailarinas, la banda alemana continuó su primera visita con el llamado a SGFRD Dragonslayer mientras el vocalista Ben Metzner, que a sus colegas mexicanos les mencionó que le podían llamar Benito, convocaba la fuerza del humor juglar y el folk medieval para después compartir escena con el miembro fundador del grupo, Peter Henrici, mejor conocido como Hauptmann Feuerschwanz. Así, ambos convirtieron el lugar metalero en un antro para caballeros y doncellas medievales con su éxito, Knightclub.

Entre los ritmos azotados de las guitarras eléctricas combinadas con las gaitas, flautas y un violín poderoso de Stephanie Pracht, o Johanna von der Vögelweide como su nombre artístico, el metal folklórico seguía contagiando a los asistentes al Circo Volador que esperaron más de 20 años para que la banda pisara nuestra nación que tampoco está exenta de tener guerreros aztecas que, a falta de rituales y dioses, encuentran en esta música la fuerza para cantar y contar historias.
Un himno a Loki, el dios del engaño, hizo que los coros de la gente se coordinaran para invocar al hijo bastardo de Odín en Bastard from Asgard, cuando de repente, en palabras del buen “Benito”, tocaba el turno de un abalada de amor. Fue así que sus dos bailarinas, dejando el atuendo de vikingas y poniéndose el traje de monjas, ayudaron a la banda con Name der Rose y el llamado a celebrar como si los guerreros de Feuerschwanz y su público convertido en ejército metalero no tuviera un mañana, esto con Ultima Nocte.
Para acelerar los pulsos de un debut de fuego, los alemanes decidieron abrir la pista para limar asperezas con caricias, organizando el mosh pit que se desataría de forma enérgica con Schubsetanz, donde las chelas y el sudor compartido por todos los asistentes que obedecieron la única regla del Capitán Hauptmann y Ben: si hay algun caído, ayúdenlo a levantarse. La energía se mantuvo en alto hasta que llegó Berzerkermode, que volvió a generar una euforia tremenda entre todos.

De repente, llegaba el momento de dejar de lado sus influencias de folk medieval y power metal para entrarle mucho más a la cultura pop. Es así que Feuerschwanz nos llevó de viaje a la Tierra Media, aquella que J.R.R. Tolkien imaginó, para contarnos la historia de Samwise Gamyi. Ben, el vocalista, señalaba algo importante: nadie en este mundo debería estar solo y todos tenemos que tener un Sam. Y así, Sam the Brave sacaba los mejores pasos de los metaleros convertidos en hobbits por un momento en esta poderosa visita de los alemanes a nuestro país.
Llegaba un momento de pausa pero la vena popular continuaba y ahora, el baterista Rolf Hering, cuyo alias es Rollo, tomaba las riendas del escenario echándose un cover inesperado de They´re Taking the Hobbits to Isengard con la pista de voz de Legolas al ritmo de ese peculiar remix que se volvió viral hace años, a lo que se sumó el guitarrista y bajista después para entonar el tema principal de Game of Thrones, compuesto originalmente por Raman Djawadi pero como solamente esta agrupación podía lograrlo.
Y si eso no era suficiente, los true metaleros que estaban esta noche en el Circo Volador se volvieron cantantes del dance pop rumano, pues Feuerschwanz provocó la locura en todos al entonar su versión folk metalera de Dragostea din tei, cover de O-Zone, que fue un éxito total en las discos y antros hace años. Con lentes negros y la fiesta a tope, la vibra mexicana entusiasmó a los alemanes, provocando sonrisas y una gran conexión que parecía sorprender a los miembros de la banda. Aunque esta parecía la despedida, aún había un último estirón por vivirse.

Después de un breve descanso porque posiblemente subestimaron los efectos de la altura, la banda de folk metal envió a su público directo al Valhalla, el paraíso de los nórdicos y los vikingos para mantener la vibra en alto en un concierto que estaba resultando divertido pero lleno de energía. Después, vino un momento que conquistó a los fans. Ben (porque Benito resultó ser el pequeño Dr. Simi que le aventaron antes) bajó a armar el mosh pit rodeado de su público, convocándolos a una última cabalgada en la Tierra Media a ritmo de Rohirrim en una postal memorable para la noche.
Pero todo ritual debe terminar y siguiendo las órdenes del capitán Haputmann, Das Elfte Gebot marcaba el cierre de una noche memorable. Aunque la tocada duró menos que en otros lados de su gira (hora y media) y se comió canciones habituales de su setlist, Feuerschwanz acabó convirtiendo el santuario del metal en su propio Knightclub, prometiendo regresar con todo ese espíritu divertido y de buena música. La despedida de la banda fue con Gangnam Style de fondo, del coreano PSY, rindiendo reverencia a una audiencia que los bautizó con fuego, sudor, chela y slam en su primera vez aquí.
