Pólvora Live
Megadeth recetó dos noches especiales en la Arena CDMX en su gira del adiós
Con la promesa de regresar una vez más y el reconocimiento de ser el público más ruidoso, Megadeth complació a todos sus fans con dos noches para el recuerdo.
Megadeth cumplió con creces. Si bien la gira This Was Our Life promete no ser la última vez que escuchemos a Mustaine y compañía en el escenario, ciertamente si regaló un buen repaso de una historia que, al lado de su querida mascota, Vic Rattlehead, ha acompañado al guitarrista desde 1983 en su primer álbum Killing is my Business…And Business is Good! hasta el más reciente de título homónimo que nos recuerda porqué la banda es tan importante para la historia del metal.
Comenzaba la Sinfonía de la Destrucción con Megadeth
Con vasos de colección, variedad de camisas, stickers y sudaderas, los fans hicieron una fila que parecía no tener fin ante una terrible logística por parte de la Arena CDMX que solo abrió dos puertas para el acceso a un recinto que estaba si no en sold out al menos al 98% de su capacidad. Pero eso no fue impedimento para disfrutar la noche en que varias generaciones, desde aquellos trues que siguen a la banda desde los 80s y 90s hasta los más jóvenes y niños que aprecian los guitarrazos metaleros, recibieran con entusiasmo a Mustaine y compañía.

Después de que S7N prendiera a los asistentes tempraneros y que el sonido local continuara con el ambiente al poner Immigrant Song de Led Zeppelin y Ace of Spades de Mötorhead, fue en punto de las 9:30 de la noche que la Sinfonía de la Destrucción comenzaría con Megadeth tocando “Tipping Point”, para seguir con la explosión metalera en “Hook In Mouth”, del álbum So Far, So Good, So What! de 1988 que de inmediato encendió al recinto.
Sin embargo, fue con “Angry Again“, tema popularizado en la película El Último Gran Héroe (Last Action Hero, McTiernan, 1993) que sería incluido en el EP Hidden Treasures posteriormente, que la banda originaria de Los Ángeles provocaría que algunos se quitaran la playera y los brincos hicieran vibrar al reciento de Avenida de las Granjas mostrando el poderío del thrash en sus venas.
La agrupación, que ahora tiene en sus filas al legendario Mustaine rodeado de Dirk Verbeuren, James LoMenzo y Teemu Mäntysaari, se tomaba pausas entre cada una de sus rolas pero eso no les impedía tomar vuelo, como lo demostró los primeros acordes de “Hangar 18“, otro clásico de cajón de Megadeth que siempre conecta con el público. Y contrario a sus costumbres, el líder de mata larga y camisa blanca interactuó con su público, algo que es raro en él. “Venimos de tocar en Sudamérica y Monterrey y son un público ms o menos entregado. Pero esta ciudad es la más ruidosa”, afirmaba ante la entregada audiencia.
Con ello, presentó después “I Don’t Care“, temazo del más reciente disco de los metaleros que incitaba a la gente a mandar al carajo el qué dirán. Y el festín metalero no paraba pues “Sweating Bullets” llevaría a los presentes de vuelta a uno de los discos más emblemáticos de Megadeth en su historia, “Countdown to Extinction“, de 1992; quinto álbum de su ya larga vida en los gritos y guitarrazos.

La euforia thrasher de Megadeth
De repente, los metaleros le aullamos a la luna con “She-Wolf“, otra de las joyas de Mustaine y compañía, del proyecto llamado Cryptic Writings de 1997. Aunque las pausas parecían querer matar el acelerado ritmo con que estaban tocando, las vibras de los fans y el grito constante de “oeoeoeoe, Mustaine, Mustaine”, mantenían latiente el tambor en esta celebración metalera.
Con “Let There Be Shred” tendríamos la primera visita de alguien muy especial: Vic Rattlehead aparecería a media rola vestido completamente de blanco, emulando el look de la portada del más reciente álbum tocando air guitar al lado de Mustaine, volviendo locos a los fans que estaban a un costado del escenario en una reja pequeña, siendo los más cercanos a toda la locura y headbanging provocado por la banda.
Cada pausa parecía darle fuerzas al líder de Megadeth para continuar con el show y fue que con “Tornado Of Souls” le dimos la vuelta a las memorias creadas por el extraordinario Rust In Peace, de 1990, siendo uno de los temas más coreados de la noche por los asistentes que, súbitamente, sintieron la fuerza de un fenómeno natural en los acordes de Mustaine que siguió sin parar en “Mechanix“.
El sudor y las largas cabelleras de algunos ya eran el rasgo distintivo de una noche donde el metal trascendió generaciones. Aunque, súbitamente, llegamos a un momento lleno de historia para Megadeth. Y es que después de tantas peleas y de reclamar que el tema era de su autoría ante James Hetfield y Lars Ulrich, Dave Mustaine nos entregó “Ride The Lightning”, lo que provocó un estallido de coros, brincos y gritos de “hey, hey, hey” que marcaron la apropiación de la rola como un testigo sonoro del líder de la banda al por fin hacer las paces con su pasado.

Headbanging, guitarrazos y la presencia de Dave Mustaine
Pero aún faltaba el último estirón y la sinfonía metalera perfecta continuó con “Symphony of Destruction“, antecedida de un grito de “Viva México” por parte del californiano convertido al cristianismo que alegró a los presentes, mostrándoles el escaso español que habla pero mencionado con todo corazón. Luego, supliendo el inigualable bajo del cofundador de Megadeth, David Ellefson, por una batería cargada y una guitarra enloquecida, tocaba el turno de otro clásico: “Peace Sells“, del álbum del mismo nombre, llevando a todos de vuelta a 1986 con un tema que, en el turbio presente de guerras y batallas, cobra una mayor resonancia.
Aquí, Vic Rattlehead volvía al escenario al lado de su inseparable amigo, ahora vestido cual político de traje negro y alentar a la gente que no dejaba de gritar en el solo de guitarra que anunciaba un desenlace memorable al rápido repaso de una gran historia. Fue así que, con su camisa blanca, pantalones negros y guitarra poderosa, que Mustaine prometió volver, no sin antes dar un mensaje a todo el público dentro de la Arena CDMX.
“La siguiente canción se la saben todos ustedes. Y me gusta porque es un tema que nos une a todos. Y nos recuerda que no hay diferencias entre nosotros. No importa la religión, el país, todos somos iguales”, declaraba un emotivo Dave mientras Megadeth concluía su sinfonía de destrucción y thrash metal con “Holy Wars…The Punishment Due“, cerrando así un show que, en hora y media, nos dio un viaje por la gran huella que ha dejado la banda por más de 40 años… y aún contando. Aguante, Megadeth.
La segunda noche consecuitiva con Megadeth en la Arena CDMX
De manera sorpresiva logramos volver a la Arena CDMX para seguir en esta larga despedida del colorado en la capital mexicana. Y valío cada maldito momento, ya que no fue el set repetido como muchos hacen solo para cumplir su cuota, hubo muchas sorpresas, con un show más ‘trve’.
Primero vimos a S7N de nueva cuenta, que se rifaron como los grandes, no dieron tregua y lograron que todos los que estaban en General A y B los apoyaran con los puños en lo más alto. Los nacionales aprovecharon cada momento arriba del escenario para crecer en ejecución y ganar nuevos adeptos con temas como “Blackout” y “Enemies” hasta su cover a Maldita Vecindad, “Pachuco” donde vimos ya los primeros circle pits de la noche. Muy buen arranque de la lluviosa velada.
Luego fue el turno de Megadeth, donde desde el vestuario ya venía el cambio, con un Mustaine vestido de negro. Y si bien la dinámica es muy similar de show a show (desde hace años) lo que importa es verlo hablar con las seis cuerdas al frente de una de las bandas más importantes de la historia del metal.
Este fue un show con temas para fans de hueso colorado, arrancando con “Liar” y “Poison Is The Cure”, por ejemplo. Entre otros temas que llegaron en este cmabio de set tuvimos también a “This Was My Life”, “In My Darkest Hour”, “Dread And The Fugitive Mind”, “Trust” y “Skin O’ My Teeth”. Así que si fuiste de los que compró boleto para las dos fechas, te rayaste.
También hay que resaltar algunas cosas, sobretodo en esta segunda fecha se notó que Mustaine ya no puede mucho con las voces, pero se apoya de gran manera con el público para los coros que demandan más de su parte como en “Tornado Of Souls” o “Peace Sells” salgan sin ningún problema. Lo suyo realmente siempre ha sido darle a la guitarra y en eso, no habrá queja alguna.
También ese momento donde Dave hablaba al público y se le salió la lagrimita de la emoción ante un público en plena y absoluta efervescencia y rendida a él. De ahí que agregara de golpe “Ride The Lightning” al set justo antes de “Holy Wars”, ya que no estaba en el set original.
El público se rifó como los grandes, como en antaño (lo dice alguien que los ha visto al menos 8- 9 veces) donde los celulares hicieron su aparición, pero en una manera moderada. Lo que sí hubo fue mucho circle pit, mucho canto, memorias que quedan en la mente y no una pantalla.
Seguramente vendrán a dar su último adiós del adiós el próximo año dando el cierre a esta gira, donde si hay lugares donde los quieren son en los países de Latinoamérica. Y sí, todavía queda esa espinita de que bonito hubiera sido ver a Mustaine despedirse junto a Friedman, Menza y Ellefson a su lado, aunque sea solo por una fecha.
