Pólvora Live
Creepy Nuts en CDMX: una noche otaku que nos hizo bailar
Creepy Nuts convirtió el Pabellón Oeste en un anime vivo: baile, cosplay y un cariño brutal por México.
Anoche el Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes dejó de ser venue para convertirse en algo mucho más cercano a una convención emocional. No era solo un concierto de Creepy Nuts, era el punto de encuentro entre quienes llegaron por el anime, quienes ya sabían de memoria cada barra de R-Shitei, y quienes simplemente se dejaron arrastrar por ese fenómeno extraño donde el hip hop japonés conecta con la Ciudad de México como si siempre hubiera pertenecido aquí.
Desde antes de que se apagara la primera luz, el ambiente ya traía algo distinto. Entre la fila se cruzaban cosplays, playeras o freebies que parecían salidos de un maratón de Mashle y DanDaDan: capas improvisadas, varitas, pelucas imposibles y más de uno intentando recrear el flow de “Bling-Bang-Bang-Born” como si estuviera en el opening. No era pose, era devoción. Era gente que no venía a ver un show, venía a habitarlo.

Cuando el beat cayó, ya no hubo regreso
El arranque con “Billiken” fue ese primer golpe que sirve para entender que la noche no iba a pedir permiso. Desde ahí, Creepy Nuts dejó claro que esto no iba a ser un show de calentamiento, sino una caída directa al ritmo. “Yofukashi no Uta” y “Daten” llegaron como ese bloque nocturno que muchos traían bien tatuado por Call of the Night, y el ambiente empezó a tomar forma: luces bajas, calor subiendo y la sensación de que nadie estaba ahí para guardarse nada.
El flujo siguió con “Gouhouteki Tobikata no Susume”, donde ya no había duda, el público estaba completamente dentro. Y fue justo después, con “japanese”, cuando R-Shitei bajó un segundo la intensidad para jugar con algo más personal. Entre rimas y actitud, soltó esa idea que conectó de inmediato: sí, son japoneses… pero no son samuráis, no son Shohei Ohtani, no son ese Japón de postal. Son otra cosa, más calle, más noche, más real. Y la gente lo entendió perfecto, porque de este lado también sabemos lo que es romper con el estereotipo que te quieren colgar.
Para ese punto, lo interesante ya no estaba solo en el escenario. Estaba en todos lados. En la pista, en las gradas, en los pasillos. Había gente bailando donde podía, como podía. Parejas que no se conocían terminaban sincronizadas, amigos que llegaron tranquilos ya estaban brincando como si hubieran ensayado semanas. Incluso los que parecían más “serios” ya estaban dentro del juego. Porque cuando el ritmo te alcanza así, ya no importa dónde estés parado, terminas siendo parte del mismo movimiento.

Un DJ que no vino a acompañar, vino a romperla
Después de haber pasado por una buena parte del repertorio con temas como “Chxxai”, “doppelgänger” y “LEGION”, donde el público ya estaba completamente metido en el viaje de Creepy Nuts, el show encontró otro punto de quiebre.
Fue entonces cuando llegó la rutina de DJ Matsunaga. No como un descanso, sino como un cambio de ritmo que mantuvo la tensión arriba. Scratch preciso, transiciones limpias y ese control del tempo que no necesita exageraciones para sostener a todo un recinto atento.
Lejos de sentirse como interludio, el momento funcionó como una pausa con intención, de esas que reacomodan la energía antes de volver a soltar el golpe. Y cuando el set retomó su curso, ya con la gente completamente entregada, también pesaba el contexto: venían de dos fines de semana en Coachella con gran recibimiento, y lo de anoche en CDMX no se sintió como un show aislado, sino como parte de ese mismo impulso que los trae girando en alto.

El momento que todos estaban esperando (aunque no lo dijeran)
Hay rolas que no necesitan presentación, se sienten antes de que empiecen, como cuando sabes que ya viene tu opening favorito. Y cuando sonaron los primeros golpes de “Bling-Bang-Bang-Born”, el Pabellón se transformó en otra cosa. Ya no era concierto, era capítulo en vivo. Nadie se quedó quieto. Literal nadie.
Ahí fue donde todo terminó de encajar: los cosplays que ya venían en modo personaje, el sudor que dejó de importar, la banda cantando japonés con acento chilango sin miedo al éxito, y ese beat pegando en el pecho como si fuera parte del soundtrack de la noche. No era solo la canción, era ese momento donde todos entendimos que estábamos en el mismo mood, en la misma escena.
Y lo más hermoso fue la sincronía. No era relajo, era coreografía nivel fandom clavado. Los pasos salían casi perfectos, como si lleváramos meses viendo el loop del opening en TikTok o practicándolo frente al espejo. Había pros marcando cada movimiento con precisión, y newbies que se iban sumando guiados por la raza de al lado, sin palabras, puro instinto otaku. En segundos, todo el Pabellón estaba bailando lo mismo, como si fuera un ritual compartido que ya no le pertenece solo a Creepy Nuts, sino a todos los que crecimos con el anime pegado al corazón.

Entre la fiesta y la nostalgia
El set también se dio el tiempo de respirar tantito sin romper la conexión. “dawn”, “Emmanuelle”, “Mirage” y “To Us Former Prodigies” bajaron las revoluciones, pero no la emoción. Era ese tramo donde el concierto deja de ser puro brinco y se vuelve viaje, como ending después del caos, donde te quedas pensando en todo lo que ya pasó mientras sigues ahí, metido en la historia.
Y justo en ese mood más cercano, R-Shitei habló como si estuviera entre compas, sin barrera, sin pose. Fue ahí cuando soltó el ya inolvidable “Viva Meshico Cabrones”, con esa pronunciación japonesa que no se sintió ni forzada ni actuada, se sintió real. Meshico, メキシコ. Y el Pabellón explotó. Gritos, aplausos, manos arriba, sonrisas por todos lados. No era una frase para quedar bien, era un puente que ya estaba construido desde mucho antes de que la dijera.

El cierre que no quería terminar
La recta final llegó como ese último arco donde ya sabes que no hay regreso. “Nobishiro”, “Nidone”, “Fright” y “Losstime” se sintieron como sprint emocional, de esos donde ya no importa cuánta energía te queda, la avientas toda porque sabes que se está acabando. Y cuando cayó “Otonoke”, el Pabellón ya estaba completamente entregado. Entre marcianos, yokais y una que otra turbo abuela, la pista parecía episodio en vivo de DanDaDan, con la gente bailando como si el beat viniera de otro planeta. Un cierre galáctico… aunque todavía no era el final.
El encore ya estaba escrito desde antes de que se apagaran las luces. No hizo falta explicación, la decisión la tomó la gente. Gritos cruzados, manos arriba, todos pidiendo lo mismo como si fuera invocación colectiva: “Bling-Bang-Bang-Born”. Y cuando regresó, no se sintió como repetición, se sintió como liberación. Porque hay canciones que no vuelven por rutina, vuelven porque el público simplemente no está listo para soltar la noche.
Setlist Creepy Nuts Ciudad de México Pabello Oeste del Palacio de los Deportes
- Billiken
- Yofukashi no Uta
- Daten
- Gouhouteki Tobikata no Susume
- japanese
- LEGION
- Chxxai
- doppelgänger
- DJ Matsunaga Routine
- Bling‐Bang‐Bang‐Born
- dawn
- Emmanuelle
- Mirage
- To Us Former Prodigies
- Nobishiro
- Nidone
- Fright
- Losstime
- Otonoke
- Bling‐Bang‐Bang‐Born (Repetida en el encore, a selección de los fans)
