Pólvora Live
In Flames en el Circo Volador: una pasión melódica de toda la vida
Con un foro a reventar, la banda nos regaló una noche de puro clásico espectacular
A veces todavía me sigue pareciendo increíble lo que la música nos hace sentir, porque, ¿qué hago yo en el Circo Volador escuchando Death Metal Melódico? Déjenme corregir, ¿qué hago yo devorando rola tras rola a la mejor banda del género en la historia?
Y es que yo era todavía un morrito cuando empecé a meterme en el mundo del sonido de Gotemburgo por puro capricho del destino. Es fácil entrarle al rocanrol cuando tu familia te lo inculca, cuando tus primos, tíos o padres tienen conocimiento del género. Aunque yo no salía, claro, del clásico Tri, Caifanes, Molotov y Ska-P durante mis primeros pasitos a construirme una identidad sonora. Fue entonces cuando MTV cambió mi vida, así como la de toda una generación que todavía hoy sigue añorando al mejor canal de periodismo musical que ha existido en todo el mundo.
Hay un pequeño detalle: nunca tuvimos televisión de paga en casa. Lo mío era ver telenovelas mexicanas junto a mi madre mientras hacía la tarea. A mí me llegó gracias a los DVD pirata del tianguis que recopilaban lo mejor de lo mejor de sus variados canales, incluyendo un pedazo de historia en la que una reportera se lanzó hasta Suecia para mostrarle al mundo lo que las bandas de Gotemburgo estaban construyendo. Agrupaciones como At The Gates, Dark Tranquility o In Flames armaron las bases del famoso Death Metal Melódico.
In Flames en el Circo Volador
Es la razón principal por la que hoy estoy aquí, peleando para que nos dejen pasan a la sección baja del Circo Volador porque todavía queda un chingo de lugar, pero los de seguridad se mamonean. Eso sí, es la primera vez que veo atascado este lugar que antes funcionaba como un cine y de ahí su estructura de teatro griego, improbable que se pueda realizar un buen slam, pero no imposible. A penas truenan los primeros riffs de Pinball Map, la gente se avienta entre sí, abriendo espacio entre todo el mar de metalheads en la sala. La chela vuela. Los puñetazos y patadas hacen sus primeras apariciones.
Aquí, en el epicentro del desmadre, aplastándome con otros cabrones y cabronas, recuerdo aquellas épocas en las que explotaba por primera vez algunos grandes discos del tamaño de Clayman, The Jester Race, Whoracle o Colony. No entendía del todo por qué aquel desmadre me encantaba, y al mismo tiempo espantaba a muchos. Es agresivo, rudo y bastante penetrante al oído, con toda la monstruosidad del Death y su respectiva capa oscura, pero al mismo tiempo resulta fácil de escuchar, sus melodías son pegajosas, tiene buenos riffs, elaborados con mucha técnica, solos prominentes y breakdowns con bajos durísimos.
Poco a poco se me fue metiendo a la mente, hasta formar parte de mi personalidad. De ahí me pasé al Arch Enemy, Soilwork, Amon Amarth, Children of Bodom, Gojira y Carcass, pero también a géneros como el djent de Messhugah, el punk de Refused o el heavy metal de la onda Ghost. Fue un gusto escondido por varios años de preparatoria y universidad, me sentía demasiado salvaje para el mundo que me rodeaba, como satanizado hasta que mi afición me valió nuevos amigos. De pronto había un grupo con quienes podía hablar de lo poderoso de dichos artistas, con quienes fui a verlos en festivales, a quienes les escribo santo y seña de lo que está pasando en el Circo Volador está noche, de mi grado de excitación porque I Am Above, Trigger o Voices ambientaron la calurosa noche de sudores compartidos.
Es valioso tener con quien compartir la música. Gente que escucha tus recomendaciones, que no las deja para luego ni le vale madres. Que discute y opina. La lección es que nunca sientan vergüenza por las cosas que les gustan, así sean los chillidos de puerco más brutales del condado, crust punk, grind core o reguetón, bachatas y pop. Al final del camino, encontrarán siempre a una persona o varias con las que puedan sentirse a gusto siendo ustedes mismos. Nunca dejen que nadie les diga que escuchar o cómo escucharlo. La vida es una y con música se pasa mucho más chido.
Oe, Oe, Oe, In Flames, In Flames
