Pólvora Live
Haggard en la Carpa Velódromo: un apasionado e intenso recital de metal sinfónico
No cabe duda de que Haggard ha sabido cambiar hasta encontrar una identidad que influyó musicalmente a varias bandas. Liderados por Asis Nasseri desde 1989, comenzó su paso a ritmo de death metal hasta que, en 1997, con el álbum And Thou Shalt Trust…The Seer se transforman en una mezcla de música clásica, medieval y metal que los haría, junto a Therion, uno de los principales estandartes de este sonido.
México se ha convertido, para Asis y compañía, en uno de los territorios más significativos para los alemanes. Por ello, no dudan en regresar cada vez que pueden y esta ocasión tocó presentarse ante unos dos mil de sus más fieles seguidores en la Carpa Velódromo, en una noche que se sintió como un recital íntimo entre vestimentas oscuras y cánticos guturales donde la mezcla del metal con el toque medieval y la creación de homenajes y universos propios se sintió de principio a fin.

De la Pestilencia al Might Divine: Sumergiéndose en el mundo de Haggard
Después de una buena apertura por la banda mexicana Obesity a las 8 de la noche, los ánimos se mantuvieron en alto a pesar de que el recinto continuaba su venta de boletos y no lució completamente lleno. Pero eso dio una sensación de mucha más cercanía con los alemanes que, casi puntuales a la cita de las 9 de la noche, salieron a ritmo de Pestilencia en forma instrumental donde la flauta de Catalina Popa destacó.
A ello se sumó la fuerza de las cuerdas de los violines y cellos y la presencia vocal de su soprano, Janika Groß, que con Heavenly Damnation y Final Victory comenzaron a fluir con las vibras metaleras medievales antes de que Asis tomara una de las tres guitarras fijas en el escenario y cambiara drásticamente el ritmo con el anuncio de Of a Might Divine, donde esa peculiar mezcla que ha consolidado a los alemanes provocó el primer estallido emocional en los presentes en la Carpa.
El color negro en las vestimentas predominaba no solo entre los seguidores veteranos y jóvenes que se dieron cita en el lugar, sino también en Haggard, que también lucían el color en sus prendas mientras los juegos de luces en el escenario eran lo más colorido en el recital íntimo. “México, muchísimas gracias“, decía Nasseri mientras los coros de la gente invocaban a la agrupación en un público que no logró el sold out pero al que no le faltó la buena vibra para celebrar con una de las bandas más representativas del metal sinfónico.

Después de ese breve saludo e interacción, la agrupación de metal sinfónico continuó con un bloque que sacó la parte más medieval, cual cuento de hadas con bellos y oscuros momentos, que continuó la travesía del recital. The Sleeping Child, que abrió esta parte, generó que los fans pusieran sus manos en alto y con sus palmas acompañaran el tema. Con Terra Santa y Seven from Afar, Asis enfatizaba la inspiración de esos cuentos de antaño que la epopeya heroica tenía mientras la flauta nuevamente robaba escena y Nassir cambiara de guitarra por otra de las que tenía en el escenario.
Junto a ello, el ritmo de la batería de Maurizio Golo sonaba como tambor batiente, impulsando los aplausos de acompañamiento de los fans que no paraban de disfrutar a su amada banda. “Estamos muy contentos de tocar en este escenario, se siente como.si conociéramos a la mitad de ustedes. Es increíble“, comentaba nuevamente el guitarrista, compositor y líder de Haggard. “Gracias por estar esta noche“. Y así, continuó el viaje épico con Tales of Itheria donde la voz de Groß brilló gracias a la dulzura que acompañaba este tema.
Nuevamente, los gritos de “Haggard, Haggard” sonaron fuerte para recibir una de las más coreadas de toda la noche que prendió de inmediato a los asistentes: Per Áspera ad Astra de uno de los álbums más queridos por la fanaticada, Eppur si muove, inspirado en la vida del astrónomo italiano Galileo Galilei, a quien Asir no dudó en rendirle homenaje con unas palabras mientras reconocía el poder y privilegio del conocimiento y la astronomía. El recital continuó con The Observer mientras la sinfonía germana continuaba fuerte en la noche.

Ya avanzada la velada, el coro panbolero de “oeoeoe, Haggard” era una constante en los presentes en la Carpa Velódromo. “La Ciudad de México es la número uno en intensidad”, aseveraba nuevamente un emocionado Asis para dar pie a Herr Mannelig, rola que viene desde las leyendas escandinavas. Y así, nuevamente el tambor, acompañado por la voz delicada y poderosa de Janika creo una delicada ola en la rola que poco a poco tomaba su fuerza, pasando desde lo medieval hasta el más duro metal.
Awakening the Centuries, del año 2000, comenzaba con su parte recitada para después dejarse caer con todo ante una velada que poco a poco se sentía llegar a su épico final, cual sinfonía clásica. Los aplausos acompañaban a las poderosas cuerdas para después comenzar con el tono épico del tema clásico de Haggard, Eppur si Muove, que, en la parte del solo de piano, nuevamente provocaba la euforia de sus fanáticos mientras el ritmo se aceleraba para recordar uno de los más antiguos éxitos de la banda en esta sinfonía solitaria que erró con un fragmento de Breaking the Law de Judas Priest.
Pero como todo cuento de hadas, el recital de los alemanes comenzaba a extinguirse y las dos rolas elegidas para el cierre fueron In a Full Moon Procession y Upon Fallen Autumn Leaves donde esa sinergia de metal y medieval sinfónico se sintió entre los guitarrazos, la delicada flauta y una bailarina vestida de negro mientras el head banging en el escenario y entre el público se hacía presente, crearon una sinergia que solamente los alemanes pueden crear.

Cuando parecía que el final había llegado, Asir y compañía salieron nuevamente a la escena. El líder aprovechó la calma para presentar a cada miembro de la banda, mostrando una complacencia exacerbada por la noche “La próxima vez que vengamos, prometo que será un encuentro aún más íntimo que el de hoy. Ustedes pinches rockean“, dijo el vocalista. “Es un placer estar en sus corazones“.
Así, como muestra de agradecimiento respetuosa, Haggard se despidió con un fragmento del Himno Nacional Mexicano interpretado en flauta para cerrar con Hijo de la Luna, cover de Mecano que, en esta versión de metal sinfónico, sirvió como una bella despedida para esta sinfónica noche donde los alemanes reconocieron ser tan apasionados como su amado público mexicano.
