Cine
Evil Dead En Llamas: Un brutal y salvaje festín de entretenimiento
Sébastien Vaniček toma una dolorosa realidad social y la consume en las llamas del horror. Con el sello del extremismo francés, el director nos entrega un relato sórdido habitado por los Deadites más violentos de la saga.
El paso de los años y unas hojeadas al Naturom Demonto le ha dado un grandioso y merecido lugar a una de esas grandes sagas de terror y horror que se supo actualizar y expandir dentro del género. Nos referimos a Evil Dead, una creación divertida, macabra y alocada de Sam Raimi. Y es que tras un aventurado Army of Darkness, un videojuego, cómics y una serie de televisión, pensábamos que este universo se quedaría en las memorias y hojas manchadas de sangre del Necronomicón. Con esto, el legado de Raimi sigue mutando en manos de directores hambrientos.
Para entender el fuego de hoy, hay que recordar cómo se avivaron las brasas del pasado. En el ya lejano 2013, Fede Álvarez tocó uno de los libros principales de los muertos para adentrarnos de nuevo al bosque retorcido. Su Posesión Infernal (Evil Dead) fue una brutalidad hiperrealista y gore que cambió el tono de humor negro por un sufrimiento punzante, casi silencioso y muy ruidoso por momentos. Pero dentro de su demencial locura, Álvarez nos entregó una sólida historia de drama familiar sobre las adicciones por parte de Mia, los recuerdos y la amistad en tiempos crueles. Así como liberar al “Ladrón de Almas” y “La Abominación”.
Todo manejándose con tranquilidad, atención al detalle y colocando las espinas en el lugar correcto para luego ser enterradas en nuestros ojos, cumpliendo con religión a la escuela de Raimi con un total baño de sangre y deadites ansiosos por arrancar con fuerza la piel del entretenimiento.

El tiempo pasaría para que una nueva secuela viera la luz. El Despertar (Evil Dead: Rise, 2023), bajo la dirección de Lee Cronin -un astuto estudiante del mismo Raimi-, se dio a la tarea de cambiar las reglas del juego. Salió del bosque para llevarnos al caos urbano y a las entrañas claustrofóbicas de un viejo edificio casi en ruinas y desentrañar al Marauder (Merodeador) otro deadite poderoso.
Donde Álvarez exploraba la adicción, Cronin nos hablaba discretamente sobre el miedo a la maternidad, transmutado en la figura de una matriarca sustituta que afronta una tormenta demencial donde la unión familiar es el motor para avanzar. Cronin colocó las piezas en un tablero retorcido, abrazando ese toque de humor negro y punzante al que la marca nos tiene acostumbrados, y empezando a conectar su propio universo para algo muy ambicioso por venir.
Es así como, a fuego lento y desde la cocina más oscura, se estaba preparando en el horno del diablo una nueva entrega titulada BURN (Evil Dead: En Llamas), comandada por el director Sébastien Vaniček (Vermines). Una propuesta repulsiva, contundente y demasiado violenta que da un aire completamente diferente a lo marcado en anteriores entregas. Pero no vamos a adelantarnos, vamos con calma para entender el nuevo mal que emerge.

De qué va: Evil Dead En Llamas
Tras los devastadores eventos que conectan directamente con el desenlace de Evil Dead: Rise, el mal encuentra un nuevo nido donde propagarse.
Evil Dead: En Llamas nos introduce a Alice (Souheila Yacoub), una joven mujer que, tras sufrir una trágica pérdida, busca un momento de paz e intenta reconstruir los lazos afectivos con sus suegros. La reunión familiar toma lugar en una propiedad apartada y de atmósfera pesada, donde también se encuentran Joseph (Hunter Doohan), Thya (Luciane Buchanan), el hermético patriarca Edgar Price (Erroll Shand), la matriarca Susan (Tandi Wright) y Will (George Pullar).
Lo que prometía ser una dolorosa pero necesaria cena de reconciliación y luto, se transforma en una pesadilla absoluta cuando una imprudencia desata a un antiguo Demonio Kandariano: El parásito exmortis, convirtiendo los secretos y tensiones familiares en el combustible idóneo para un implacable y sangriento juego de supervivencia en la búsqueda por cierto artefacto.
“Toda la familia… puede volver a estar unida… ¡Estarán muertos al amanecer!”

VALORES FAMILIARES Y EXTREMISMO FRANCÉS: Una nueva identidad para la carne en Evil Dead
Sébastien Vaniček decide abrir un nuevo capítulo del libro de los muertos y entregarnos una cinta de ritmo implacable y una violencia que cambia por completo el uso tradicional del gore en esta franquicia. Claro, vas a encontrar la sangre necesaria, pero aquí el enfoque está en imágenes tan sumamente violentas que te harán enterrar las uñas en el asiento.
Este factor nos hace recordar de golpe al Extremismo Francés, esa vertiente cinematográfica de inicios de los dosmil que llevó el horror corporal y la transgresión psicológica a límites insoportables, con obras de culto como Martyrs (Pascal Laugier) o Inside (À l’intérieur, Alexandre Bustillo y Julien Maury).
Vaniček asimila la tesis más sórdida de esta escuela: utilizar el cuerpo femenino como el lienzo principal del sufrimiento y la degradación. La cinta no teme incomodar al espectador al ejercer una violencia de género explícita contra la figura de la mujer, despojándola de cualquier rastro de humor. El director inyecta esa misma escuela a la vena de Evil Dead: una atrocidad repulsiva, incómoda y cruda que no busca hacerte reír con la sangre, sino hacerte sufrir con ella.

Lo realizado por Florent Bernard en el guion es de revisarse con lupa. El inicio de la cinta conecta con Rise y muestra de inmediato lo que la dupla Bernard-Vaniček está dispuesta a hacer tanto narrativa como visualmente. Nos entregan una de esas curiosas introducciones que te atrapan de forma llameante y maldita. Tras este comienzo, Vaniček se encarga de darnos una cachetada y luego una calma extraña, pesada y abrumante en un funeral.
Es ahí donde los valores familiares se desatan y se sirven en la mesa. La comida familiar se vuelve el escenario perfecto para la incomodidad, la locura y la ansiedad necesarias para sumergirnos en el caos. Es precisamente en este entorno aparentemente seguro donde el guion comienza a desmantelar la figura de la mujer, preparando el terreno para una carnicería descarnada. Fiel a las raíces del extremismo francés, el dolor físico se convierte en una extensión directa del tormento psicológico familiar.

Tras ciertas miradas al pasado, la maquinaria construye una historia que parecería simple en apariencia, pero que llega a ser compleja en su propia expansión, dejando los cimientos listos para la ya anunciada siguiente entrega: Wrath.
Evil Dead: En Llamas es una buena tortura para aquellos que conozcan este mundo; es la oportunidad de ver un nuevo aire visual para la saga. Claro, no revoluciona el género, pero se atreve a darnos unos Deadites más violentos, serios y sanguinarios.
El guion mete en una licuadora lo hecho por Álvarez y Cronin para entregarnos un viaje sórdido, sangrante e incómodo, con su debido toque de humor negro para aliviar la tensión y la ruina misma que nos consume. Aunque el relato se tarda un poco en arrancar y su “mala sangre” se encarga de desviar la atención para distraernos de lo atroz, el viaje es completamente redondo.

LA MAGIA KANDARIANA: El Arte de la Repugnancia
Aunque la dirección es efectiva y el guion hace de las suyas, nada de esto sería posible sin el extraordinario apartado técnico que envuelve a la cinta. La fotografía grisácea de Philip Lozano se encarga de maldecir nuestra pupila, permitiéndonos observar ciertos detalles con una repugnancia absoluta y contemplar texturas que la sangre densa podría tapar.
Esto se suma a la astuta edición de Maxime Caro, quien junto a Vaniček pule secuencias brutales. Hay un momento específico en un baño, filmado en un mini plano secuencia, por el que el director apuesta todo para inyectarnos el horror directamente a través del párpado; una verdadera genialidad técnica.

Pero la gota más sangrienta que derrama nuestro vaso son los efectos especiales y el diseño de maquillaje. Ambos departamentos logran transmitir asco, miedo y, sin lugar a dudas, una extraña fascinación por los ojos inyectados de los malditos Deadites, los huecos expuestos en el cráneo y las rasgaduras de la piel. Por su parte, el diseño de sonido se cuece aparte: aunque no es una pieza de corte magistral, logra que cada hueso roto, cada perforación y el escurrimiento de la sangre se sientan taladrando un poquito en nuestros oídos, sumando realismo a la experiencia claustrofóbica.

SANGRE, FURIA Y REINAS DEL GRITO: Las Actuaciones
Si algo me sorprendió de este trabajo es la descomunal actuación de Souheila Yacoub como Alice. Ella es nuestra Final Girl y quizás, una futura Scream Queen definitiva, una que se atreve a ponerse al tú por tú ante unos Deadites implacables. Yacoub nos entrega tristeza, furia y guerra con un estilo badass que nos hace querer tenerla por mucho tiempo en el terreno de juego.
Los gritos, sus expresiones y el desgaste físico que representa en pantalla es envidiable para cualquier otro personaje actual del género. Su arco va de menos a más, mostrando debilidad y rompimiento al vivir una violencia familiar y de género que termina siendo sustituida por una locura macabra, punzante y vengativa. Yacoub no solo sobrevive a la película; se adueña de ella a base de puro coraje interpretativo.

Pero no está sola en este matadero. Compartir pantalla con Erroll Shand (Edgar Price) y Tandi Wright (Susan) es lo que hace que la actuación de Yacoub se sienta tan viva en la piel. Shand y Wright, como los padres de esta familia de locos, se convierten en unos Deadites viscerales, horrendos e increíbles hijos de perra. Son unos cazadores formidables con los cuales no querrás toparte jamás en un pasillo oscuro, logrando un balance perfecto entre la amenaza física y la perversión psicológica de los demonios de Raimi.

EL NATUROM DEMONTO NOS DICE
Estamos ante uno de los capítulos y relatos más salvajes del Libro de los Muertos que esta franquicia nos puede entregar en cuanto a su violencia e historia. Sébastien Vaniček no sigue explícitamente las reglas tradicionales a las que la marca creada por Sam Raimi nos tiene acostumbrados. Aquí, el director se alimenta de las ideas del maestro, bebe de la brutalidad de Álvarez y la claustrofobia de Cronin, lo mete todo a la licuadora y lo avienta a la pantalla grande como pura violencia que golpea el entretenimiento y expande el trasfondo de su mitología.
Vaniček demuestra que la franquicia no necesita quedarse estancada en la nostalgia de la cabaña, sino que puede mutar con elegancia hacia terrenos mucho más sórdidos, crueles y políticamente incómodos. El dolor físico aquí muta en venganza pura. Un elenco que se vuelve loco ante el dolor víctima de una carnicería que transforma el tormento familiar en un espectáculo de sadismo puro firma una entrega que nos deja listos y hambrientos para la inminente llegada de Wrath y el futuro de la saga con sus dos escenas post-créditos.
Es el triunfo de una visión que no teme usar el extremismo cinematográfico para desmantelar los valores familiares en su forma más brutal y descarnada. Al final, la cinta nos recuerda que el verdadero horror no viene solo de los demonios del averno, sino de los pecados familiares y el sufrimiento infligido sobre el lienzo de la carne.
