Cine
Una Batalla tras Otra, Leonardo DiCaprio se luce en medio de una poderosa crítica social
Una Batalla tras Otra es otro gran acierto para Paul Thomas Anderson que crea una cinta mordaz y humorística que medita sobre nuestro presente y futuro
Paul Thomas Anderson vuelve a su cine de autor con Una Batalla tras Otra, donde como es habitual, trabaja al lado de un ensamble maravilloso y toma la relación rota entre un padre y su hija como centro del drama en el que todo el conflicto y sus aristas se desenvuelven. Y si, Leonardo DiCaprio se roba la cinta con creces, marcando otra gran creación para un director que, prácticamente, no tiene una sola película mala en su haber.
De que trata Una Batalla tras Otra
El revolucionario desgastado Bob Ferguson (DiCaprio) vive en un estado de paranoia, sobreviviendo bajo el radar junto a su enérgica e independiente hija, Willa (Chase Infiniti). Pero cuando parece que los viejos tiempos de radical quedaron atrás, un viejo némesis (Sean Penn) reaparece después de 16 años y ella desaparece. Esto obliga al exradical a salir de su madriguera y buscarla, mientras ambos enfrentan las consecuencias de su pasado.
La filmografía de Paul Thomas Anderson es, prácticamente, perfecta. Claro que ha provocado división en la audiencia debido a su notoria marca de cine de autor. Ahora, tomando como base la novela Vineland, de Thomas Pynchon, a quien ya había adaptado previamente en una de sus más locas cintas, Vicio Propio (2014), crea un relato que resuena por la actualidad de los temas en los que se enfoca.
La escena inicial nos pone de frente a los campos de ilegales tratados como prisioneros por la milicia estadounidense y la mentalidad revolucionaria de un grupo, los French 75, donde su líder, Perfidia Beverly Hills (Taylor) suelta una frase dura pero directa: “esto es una declaración de guerra”. Como Pynchon en su momento se enfocó en su novela en los movimientos radicales de la década de los 60 y sus consecuencias, Anderson lo trae a una época actual donde la división de la sociedad en Estados Unidos (y en el mundo) es clara.
Pero la riqueza de su relato y adaptación no sólo radica en retratar estos tiempos oscuros que se viven gracias a la reelección de Donald Trump y sus medidas radicales ultra derechistas, sino que Una Batalla tras Otra encuentra el alma en dos personajes clave: Bob y Willa Ferguson, padre e hija que, tiempo después de lo que vemos al principio, descubren que la revolución que comenzó nunca ha terminado, solo se mantuvo en las sombras hasta que el destino (o el pasado) los enfrenta a sus raíces.

Bob, interpretado por DiCaprio, es un padre que era un radical explosivo, ahora convertido en padre abnegado y paranoico, el cual interpreta de maravilla. Desde la forma en que viste y sus actitudes, que remiten directamente al “Dude” de El Gran Lebowski (Ethan y Joel Coen, 1998) hasta ese arco que tiene que encarar por estar al borde de perderlo todo, Leonardo crea un ser humano vulnerable, perdido y hasta roto que no ha podido conectar jamás con su hija, Willa.
Por otra parte, la brecha generacional y una actitud de rebeldía juvenil desinteresada de inicio es lo que Willa transmite. Chase Infiniti, que debuta en cine con este papel en Una Batalla tras Otra, logra hacer una gran química con el experimentado DiCaprio, mientras comparte escena con otros actores como Sean Penn y Benicio Del Toro para ir desarrollando este arco de descubrimiento no sólo sobre quine es ella sino toda la locura que sucede alrededor de ella y su familia que tal vez no sea tan sencillo como aparente.
Como es costumbre, el ensamble funciona muy bien siendo el estoico Penn como Lockjaw el que destaca más, pues él representa la presencia del poder blanco supremacista en su máxima expresión. Doble moralino, violento y sin algún rasgo de interés por lo que pasa en el mundo. La otra gran fuerza llega por parte de Teyana Taylor, que es completamente el opuesto del coronel, siendo una radical que antepone la causa ante todo sin importar lo que cueste. Es en medio de esas dos posturas que Una Batalla tras Otra encuentra su fortaleza narrativa.

En cuanto a la banda sonora, como ya es típico en las cintas de Paul Thomas Anderson, la composición de Jonny Greenwood resalta por usar pianos y música que resulta un perfecto acompañante para la locura revolucionaria de Una Batalla tras Otra, sin caer en el chantaje. A ello, se suma música de The Shirelles con Soldier Boy, Dirty Work de Steely Dan, American Girl de Tom Petty and the Heartbreakers, hasta Goosebumps de Travis Scott con Kendrick Lamar, que añaden fuerza a la narrativa que plantea el cineasta.
Ni qué decir del aspecto visual, donde la fotografía resalta bastante y el uso del formato de VistaVision le ayuda a vivir de lleno la experiencia que la cinta ofrece. Entre Anderson y Bauman le dan un toque que va desde lo mas íntimo, enfocándose en rostros, acciones y expresiones, como en la sensación de tensión en los puntos donde la revolución y las batallas, diferentes para cada personaje, se desenvuelven, como cierta persecución en un momento climático.
Sin embargo, Una Batalla tras Otra no deja de sentirse como uno de los relatos más convencionales entre su filmografía, lo cual no es un aspecto negativo. Y es que, a pesar de sus personajes rotos buscando cierta redención o el claro mensaje sobre las luchas que no paran y que conviene tener para mejorar un futuro que apunta hacia un fascismo terrible, el relato se siente un tanto diferente a lo que estábamos acostumbrados por Anderson que claramente saca provecho del contexto social de Estados Unidos y del mundo para encontrar un eco importante.

Eso no evita que la cinta se sienta a todas luces como una de las más propositivas del año y técnicamente impecable. Una Batalla tras Otra sin duda es de esos proyectos que darán de que hablar gracias a esa subtrama sobre las revoluciones y las batallas metidas en una envoltura donde la principal lucha es la de un padre salvando a su hija, que de cierta forma funciona como una metáfora final para todo. Nuestra generación no pudo cambiar le mundo ni su destino, ahora toca a los jóvenes decidir qué batalla es la que sigue en medio de esta crisis social de la cual aún pueden escapar.
