Cine
The Rocky Horror Picture Show: cuando el terror y el musical se unieron para formar un clásico de culto
The Rocky Horror Picture Show cumple 50 años desde su estreno en cines y aquí recordamos que la llevó a convertirse en un éxito total
“Give yourself over to absolute pleasure”.
Dr. frank-n-furter
Sin necesidad de premios o el reconocimiento brutal de la crítica, hay películas que están destinadas a la grandeza, que marcan no solo generaciones enteras sino dejan una huella imborrable en la cultura popular, entre personajes, vestuarios o canciones. The Rocky Horror Picture Show es el mejor ejemplo de ello. ¿Un musical de temática de horror protagonizado por un científico loco travesti a ritmo de rock and roll? ¿Cómo no amar algo así?
Por increíble que parezca, la película, la cual ahora celebra su 50 aniversario, fue aborrecida por la prensa especializada que en ese momento, no entendió el desenfado y rebeldía que retrata la obra. Así como tantas historias de injusticia que hemos visto en la historia del arte, sería la gente quien descubrió y revalorizó uno de los relatos más originales llevados a la pantalla. Es uno de los cultos más grandes que existen alrededor de una cinta.
Rocky encontró su nicho como una película de medianoche (un “Midnight Classic”), en las salas underground de los Estados Unidos hasta que eventualmente, se convirtió en el hito mundial que hoy conocemos. ¡Hasta el Dr. Hibbert de los Simpsons es bien fan! Un fenómeno que bien vale analizarse y entender porque la devoción.

“A mental mind fuck can be nice”: un congal llamado The Rocky Horror Picture Show
En los años 70, todo era posible. La industria cinematográfica en Estados Unidos se encontraba en la cúspide del Nuevo Hollywood, época donde los grandes estudios se abrieron a los cineastas jóvenes con nuevas historias, visiones, interpretaciones, temas anteriormente considerados tabúes y una camada de actores a punto de ser catapultados a la gloria.
Entra a escena el dramaturgo inglés Richard O’Brien, quien tenía una gran idea entre manos. Su experiencia le llevó a crear un musical de estética gótica que a su vez, rindiera homenaje al tono del horror y ciencia ficción serie B mostrado en los programas dobles de los autocinemas o salas nocturnas (el Double Feature, como la propia canción inicial), impulsado por la enorme fiebre del rock and roll setentero y con un tono humor totalmente negro que van de la liberación sexual hasta la necrofilia. ¡Todo el sentido contracultural de la época!
Así bajo la dirección de Jim Sharman, en 1973 se montó por primera vez en el Royal Court Theatre de Londres en 1973, The Rocky Horror Show, la historia de Brad y Janet, una ingenua pareja joven que tras comprometerse, deciden visitar a su antiguo profesor. En el camino, sufren un accidente y el único refugio ante la tormenta, es un antiguo castillo. Ahí son recibidos por el maniático mayordomo Riff Raff (interpretado por O’Brien en la película) quien los introduce a la locura de una intensa fiesta organizada por el Dr. Frank-N-Furter. El resto de la trama los llevará a vivir una noche bizarra en compañía de cada uno de los inolvidables invitados, regodeados ante la máxima creación del científico: el hombre perfecto, alto, rubio y musculoso, Rocky.

Del pequeño teatro de 60 butacas, pronto se volvieron un éxito total y al año siguiente, la obra daría el paso natural a EUA donde primero, fue montada en EUA y posteriormente, en el Belasco de Nueva York, la antesala a continuar su legado en el cine.
Sharman y O’Brien, con el apoyo del famoso productor musical Lou Adler (ahí no más, el responsable del Tapestry de Carole King) y el productor teatral Michael White, emprendieron la aventura reutilizando varias locaciones y props de las clásicas cintas de la Hammer para crear The Rocky Horror Picture Show, obra que por sus influencias y lenguaje, se sintió como en casa al llegar al cine.
Por supuesto, esta transición no la llevaron a cabo solos. Gran parte del elenco original, tanto de aquel en Londres como el de L.A., pasó del escenario al frente de la cámara: Patricia Quinn como Magenta, Little Nell como Columbia, Jonathan Adams como el Dr. Scott, un prominente cantante que ya había probado el éxito del teatro con Hair y dos años después, se convertiría en una leyenda del rock, Meat Loaf, y la máxima estrella, Tim Curry en el protagónico del Dr. Frank-N-Furter, quien debutaría en la pantalla grande con este papel. Todos acompañados por supuesto de unos jóvenes Susan Sarandon y Barry Bostwick antes de alcanzar la fama hollywoodense.
Todo listo, Rocky llegó a los cines de Inglaterra en agosto del ’75 y posteriormente, a EUA el 26 de septiembre de 1975 gracias a la distribución de la 20th Century Fox. Las primeras reacciones fueron terribles: un fracaso en taquilla y crítica rotundo. El año ya había sido marcado por otros exitosos musicales como Tommy de los Who, Shampoo y Funny Lady de la Streisand. ¿Cómo creían estos chavales desconocidos que iban a competir de alguna forma?

En un movimiento extraño para no dejarla morir en el olvido, la Fox apostó por otra estrategia inspirados por el éxito de Fantasma del Paraíso, otra parodia rockera de la época dirigida por Brian DePalma, para llegarle al público correcto. El hogar de The Rocky Horror Picture Show llegó en las funciones de medianoche, mismas que la llevan a mantener el récord como la película con mayor tiempo en salas: 50 años.
La gente entendió este universo: un trabajo totalmente anti sistema, la ruptura entre la América tradicional representada por la pareja que eventualmente, sucumben ante el hedonista estilo de vida del castillo. Es la culminación máxima de la androginia del glam rock impartida por Bowie, Bolan y los New York Dolls y que a través del excéntrico diseño de vestuario cortesía de Sue Blane, le dieron al punk una notoria influencia a seguir.
Los 70 era la década donde los jóvenes dictaban todo, moda e ideología, inspirada por sus propios gustos de la infancia como las épicas de ciencia ficción, dígase Flash Gordon o El día que la tierra se detuvo, alejada de la rancia idea republicana de la post guerra; que divertido es hablar del planeta Transsexual, Transylvania o maravillarse por el final de fantasía pero lo importante, es el discurso. Había que disfrutar todo porque vida, solo una. ¿Por qué seguir también bajo las normas que no permitiesen vivir en libertad absoluta, en expresión total de la sexualidad LGBT? No sabíamos cuando se vendría la siguiente guerra que acabaría otra vez con la ilusión. ¡Menos mal que se disfrutó porque ah, como volvió la derecha con fuerza en los 80!
Es un mensaje atemporal de rebeldía imposible de resistirse. Cualquier joven en sus años adolescentes cae fascinado ante el “Sweet Transvestite”, “Touch-a, Touch-a, Touch-a, Touch Me” o el gran “Hot Patootie – Bless My Soul” de Meat Loaf. Son canciones increíbles para dejarnos llevar por el espectáculo de la vida misma y su lado más cotorro. Hasta la fecha, la idea de una fiesta interminable alrededor de lo bizarro sigue conectando excelente. Tanto que en las funciones especiales, la gente no solo se disfraza, sino que también baila las coreografías junto a los números en pantalla o arroja los rollos de papel de baño cuando el Dr. Scott entra al laboratorio. La película, se trasladó al imaginario de la experiencia que pocos alcanzan.
O’Brien revisitaría el espíritu de Rocky en una secuela espiritual, Shock Treatment pero sin el mismo encanto. Curry se consagraría con más personajes pero para él, siempre será gustoso asistir a las convenciones de fans. Y mientras esperamos ver algún día en México el documental Strange Journey: The Story of Horror acerca de la aventura de producir el filme o la restauración 4K que ya anuncian en Cinépolis, solo nos queda dejar de soñar y dedicarnos a ser lo que queramos.
