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Carta a Fito Páez: la importancia de entender la música

Rodolfo, te debo mi forma de entender el mundo

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Fito Páez

Fito, maestro, tu música me hizo un mejor periodista y seguramente no lo sabías ni te importa, pero antes de llegar a ello, permíteme presentarme. Soy Gustavo Azem y como dije antes, me dedico a escribir. A veces hago chismes, me gusta, es un reto a la moral, a la eti a y al profesionalismo: “¿cómo escribo una buena nota farandulera sin herir ni entrometerme?”, me suelo preguntar continuamente. También se me ha permitido viajar por secciones como la política nacional, las hard news internacionales, la nota roja, el contenido ahora llamado “evergreen” o hasta basuras comerciales. Las marcan compran escritos. Te obligan a hablar bien de ellos. También llegaron a pedirme que mintiera, que omitiera, que censurara, que borrara. El mundo del periodismo es una basura, Rodolfo, y estoy seguro de que lo sabes. Es corrupción. El quinto poder hace un rato que dejó de serlo para transformarse en un vil instrumento.

Los poderosos empezaron a comprar sus propios medios de comunicación y ahora, con el internet frente a nosotros, es mucho más fácil que cualquier figura se invente su propio periódico digital, un blog, un vlog con v, un podcast, una estación de radio, un programa en streaming. Así es más fácil manipular la información, así es más sencillo mentirle a la gente o simplemente mantenerlos idiotizados (hipnotizados) con temas y discusiones irrelevantes. Le inyectas unos cuantos pesitos y esa información se replica cientos, miles o millones de veces en segundos, minutos, horas. Nadie los audita. Nadie les pone límites. A veces los contradicen, los corrigen, los evidencian, pero no hacen nada por bajar el contenido de la world wide web.

Lamentable, nadie me contó eso cuando estaba en la carrera y todo era emoción, todo era historias bonitas, enamorarnos de las letras. Ojalá te advirtieran. No importa, lo aprendí a la mala. Aprendí a vivir en la mierda y salir limpio. En el camino, eso sí, perdí la cordura varias veces.

Pero lo que más me gusta, Fito, es redactar sobre música. Reseñas, opiniones, notas informativas, entrevistas y crónicas. Empecé un poco verde allá por el 2014, cuando la licenciatura me aburrió al punto de buscar trabajo, llegando así a Pólvora con mis ahora mejores amigos André, Andrea, Mario, Erik y Rosh. Al principio solamente revolcaba la información de otros, conforme avancé me di cuenta de que podía escribir o crear mis propias historias, encontrar mis propias noticias y temas de relevancia. Empecé a leer más revistas o libros del tema, también me puse a ver muchísimas entrevistas, a escuchar las estaciones de radio de mi país, las de otros países también, hay una página en internet que te permite hallar frecuencias en cualquier parte del mundo. La tecnología no es tan mala después de todo, solamente debes usarla con responsabilidad.

Crédito: Fito Páez / Facebook

Páez, me acuerdo perfectamente del día en qué te conocí: tuve la fortuna de que llegarás a mi vida en vivo. El Teatro Metropolitan le abrió las puertas a un joven periodista musical con ganas de comerse al mundo. André me dirigió hasta ti, me mandó a cubrir tu concierto en el teatro Metropolitan, y aunque hay canciones muy famosas tuyas que suenan por ahí, no conocía gran parte de tu repertorio. Las bandas argentinas apenas comenzaban a ser una obsesión para mí. Calamaro, Vicentico y Charly ya eran mis héroes para entonces. El Indio, el Mono, Luca Prodán, Flema, Cerati y tú fueron llegando poco a poco, entre otros.

Ese día salí en éxtasis. Tumbas de la Gloria fue una exquisitez para mis oídos. Giros, 11 y 6, Yo vengo a ofrecer mi corazón, Pétalo de sal, Dar es Dar y Mariposa Tecknicolor también hicieron que toda la gente se levantará de sus lugares para bailar, para cantar, para gozar.

“¿Por qué suena tan bien esta música?”, me la pasé pensando dos o tres semanas después del recital. Fue entonces cuando me puse a buscar tu historia. Leí toda tu vida en Wikipedia, luego escuché tu personalidad en entrevistas. Eres un tipo muy sabio. Hablas de libros, de series, películas y de música. Hablas de métodos, de técnicas, de armonías, melodías, ritmos, de guitarras, de pianos, de dirigir, de componer, de producir y también de sentir, de emocionarte, de disfrutar. También leí los libros que escribiste, escuché a la gente que sueles recomendar, tus discos, tus bandas, tus proyectos. A veces full band, a veces tú y tu piano, tu guitarra. Otras ni eso, nada más tu voz.

Entendí entonces que oír música y escuchar música son dos cosas completamente diferentes. En la primera solamente la disfrutas, mientras que en la segunda la analizas, Fito. Cuando escucho tus canciones y las canciones de otros, me clavo en cada parte de la producción. En las guitarras, en las baterías, bajos y teclados, cómo suenan, cuándo suenan, cuánto dura el solo, si está bueno el riff, cuántos puentes hay, de qué forma se construyó el intro, cuáles son los arreglos, en qué tono está, cuál es la escala, saco mi guitarra y me pongo a tocar al compás del artista elegido, tomo mis baquetas y le empiezo a pegar a los tambores con la misma intensidad o con la misma calma, en cuartos, octavos, dieciseisavos, es decir, blancas, negras, corcheas, semicorcheas, ¿cuántos beats por minuto hay en este tema?

Es impresionante lo mucho que me hiciste mejorar, Fito. No hablo únicamente de que pude comprender la música desde otro lugar y con otra perspectiva más allá de las emociones o los sentimientos. Gracias a eso, también aprendí a escribir mejor, con más coherencia, con más cabeza y menos estómago. La realidad no es una sola, la verdad no es única, opiniones, siempre habrá decenas, millares.

Me quedó en la memoria lo que dijiste de qué una canción que no me gusta no es necesariamente mala, solo no tengo los recursos necesarios para comprenderla, así que procuro encontrar esos recursos antes de abrir el hocico, mejor aún, antes de inmortalizarlo en un texto, en un papel, en un video que me perseguirá por el resto de mis días.

Eres mágico, eres un artista y una persona que hace mejorar a todos a su alrededor simplemente con su aura. Me cambiaste la vida porque me hiciste amar mi carrera, despertaste mi pasión por la escritura, me empujaste a alimentar esa parte de mi cerebro que es más analítica, más profunda, intuitiva y lógica.

Tal vez en otra ocasión hablemos de lo importante que han sido tus canciones, tus letras y tus frases en otros aspectos de mi vida. La gente con la que conecté gracias a ti. Los amores que llegaron y se fueron. Las victorias, las derrotas, los festejos, los miedos y todas las veces que te vi en vivo: Metropolitan, Vive Latino, Auditorio Nacional, Frontón.

Si te contara mi vida a través de tus discos, esta carta se nos haría eterna. Te amo, Fito.

Periodista musical egresado de la UNAM; ahora editor SEO, reportero y fotógrafo de esta H. revista digital, con más de siete años en el mundo de las notas, reseñas y opiniones de la industria musical. Interesado cien por cien en la búsqueda de nuevos sonidos, tendencias y datos históricos.

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