Cine
Amelie y los Secretos de la Lluvia: la cinta francesa nominada al Oscar llega a cines mexicanos
Amelie y los secretos de la lluvia, filme francés nominado a los Oscar como Mejor Película Animada, llega a salas
Hablar con niños de filosofía o, con más precisión, de metafísica puede sonar complejo; por eso, cuando la idea de convertir el libro “Metafísica de los tubos” de Amélie Nothomb relució en lo que se convertiría Amelie y los Secretos de la Lluvia, sonaba más que descabellado. Pero, desde la base literaria, esta historia se basa en los primeros años de la autora.
Su padre era un diplomático belga que se movía constantemente. En estos movimientos, Amélie nace en Kobe, Japón, en 1967, donde vivió sus primeros 5 años y que serían parte de esta obra literaria expuesta en cines. Le siguieron países como China, Nueva York, Bangladesh, Myanmar y Laos. Esta vida algo nómada cambió en 1984, cuando se quedó en Bélgica para continuar sus estudios, que la llevaron a este gran amor por la literatura.
Tras la publicación de “Higiene del asesino” en 1992, con la atención captada de los críticos por sus escritos, años posteriores se llenaron de historias propias; entre ellas, “El sabotaje amoroso”, donde nos narra un amor a los 7 años de edad.
Así, sus historias se volvieron una manera de explicar su crecimiento y dejar una huella en los escritos y ahora en la pantalla grande, trabajo nominado al Oscar como mejor película animada.

La mirada de una niña que se cree Dios
Amélie es una niña de grandes ojos verdes que, tras nacer, ve cómo el mundo la observa como si ella fuera un todo. Como a los bebés los vemos con tanta emoción y ternura, Amélie decide llamarse a sí misma “Dios”, con la capacidad de hacer cosas infinitamente.
Aunque hasta aquel momento se encontraba a la perspectiva de las personas, ya que se encuentra sin poder moverse en un estado vegetativo, en su cumpleaños un pequeño acontecimiento cambia por completo su vida o, mejor dicho, el comienzo de ella.
Esta pequeña niña es un completo viaje nostálgico por emociones que cada uno ha vivido o está por vivir si hablamos de los más pequeños: la dificultad de comprender ciertos vínculos, pérdidas, aprendizajes o, en el caso de la autora, el dejar atrás lugares con tanta frecuencia, con recuerdos y anhelos que al final todos piensan que olvidarás. Este filme busca retratar de una manera sencilla la metafísica, mostrándonos la versatilidad de los objetos, la naturaleza con conexión emocional y cómo en esta realidad venimos a sentir muchísimo.

Amelie y los Secretos de la Lluvia: Una animación que toca fibras sensibles
Para el espectador, la mayor sorpresa podría ser lo parecidos que son a una pequeña de tan solo 5 años o incluso la afectación que una persona puede tener en la vida de los demás.
Cómo impacta cada acto individual, cada decisión y cada pensamiento. Tener en el centro
de la historia a una niña podría dar a entender que es aniñado el proyecto, pero cuando toca las fibras sensibles más de uno saldrá llorando de la sala.
Y si el dolor en el pecho y los lagrimales irritados de tanto llorar no fueran suficientes, la animación te agranda la pupila al asombrarte entre colores y dibujos, con escenas entre flores, agua, animales e incluso comida que te hacen sentir que el mundo tal vez es más grande de lo que recordábamos. Esta podría parecer sencilla a primera vista, casi como si hubiera salido de una caja de crayolas. Los trazos no son hiperrealistas; se vuelven, hasta cierto punto, ingenuos, pero no va por lo asequible.
La magnitud con la que toca la historia, los paisajes que parecieran pintados en óleo, la emoción que acompaña cada escenario que se nos presenta, es como una parte del interior de Amélie. No es otra película animada; esta apapacha también a los más grandes desde el color, la imaginación desbordada en los jardines, el mar y las personas que la acompañan en este crecimiento. Esto nos empuja a mirar otra vez la vida con asombro, a que a veces la vida en sus días grises está llena de posibilidades y color.

Los vínculos que forman identidad
Con Amelie y los Secretos de la Lluvia, se busca retratar con una sensibilidad poco común la relación con su abuela, la única que no la mira como una bebé incapaz, sino como una posibilidad, como alguien destinada a descubrir más de lo que el mundo espera de ella. Esa mirada, la de quien te reconoce antes de que tú misma sepas lo que puedes ser, se convierte en un pilar emocional en el largometraje.
Otra conexión importante es con su niñera, que al llegar no llama mucho la atención, pero conforme va avanzando dejan de compartir solo un techo, y el cuidado y la empatía se convierten en un entendimiento mutuo sin explicaciones grandilocuentes. Pasa lo mismo que con su abuela: no la ve inferior.
Amélie tiene a sus padres; aunque parecen distantes ante el cuidado de su cuidadora, son quienes insisten en que aprenda, sea libre, se desarrolle por su cuenta. Sus hermanos, a lo lejos, orbitan con fascinación y desconcierto, cuestionando la posibilidad de que una niña tan pequeña despierte tanta curiosidad en todos los que la rodean.
Más que una historia infantil
Amelie y los Secretos de la Lluvia no es solo una historia sobre la infancia; nos habla del despertar de la conciencia y sobre cómo el mundo se transforma cuando alguien lo mira con verdadera atención. Por eso, la nostalgia es capaz de abrazarte: nos recuerda quiénes éramos cuando todavía creíamos que todo era posible. Olvidamos que todo sigue siendo posible.
La película ya se encuentra en salas nacionales.
