Pólvora Live
Panteón Rococó, una noche nada destacada de baile, nostalgia y borrachera pa’ pasar el rato
El Panteón Rococó celebró a lo grande, entre pantallas, luces, fuego y todos los clásicos que los han hecho grandes entre el público mexicano.
Panteón Rococó cumplió 30 años de puro latinezca mexicano de puro rock and roll de pura cumbia y revolución. Siempre hay pretextos para salir a tirar música chida, pero un cumpleaños lo merece muchísimo más. Todavía se me hace impresionante tener la misma edad que una banda porque eso quiere decir que no concibo el mundo sin ella, No sé lo que había antes, pero soy consciente de lo que vino después. Por eso me parece tan importante estar presente en el Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México, porque la calle está pasando es historia pura.
Y junto a mí otras 40 y tantas mil personas se dieron cita en la Colonia Granjas. Eran casi las 10 de la noche cuando toda la maquinaria que el Panteón puso sobre el escenario y no se detuvo durante las siguientes dos horas. Era un espectacular juego de luces y pantallas, donde no solamente se proyectaron escenas del concierto, también presentaron su nuevo documental que supuestamente saldrá en cines durante los próximos meses y presentaron un sinfín de animaciones caricaturescas animadas que me parecieron muy bonitas y sobre todo muy adecuadas al momento. Visualmente fue uno de los conciertos más emocionantes. Le invirtieron y le invirtieron chido.
Sin embargo musicalmente se trata de un espectáculo que con anterioridad se ha podido ver en los conciertos de Panteón Rococó, con un setlist de pocas sorpresas aunque con muchos invitados. No quiero decir que sea aburrido, porque son una de las bandas que mejor suenan en vivo. Pero hay algo que no termina de sorprender, que no es del todo novedoso y alucinante.

Panteón Rococó en el Estadio GNP
Incluso el ambiente no era más adecuado, estaban mezcladas varias generaciones que han escuchado a Panteón Rococó a lo largo del tiempo, pero notas sienten la misma emoción, la misma magia y energía por las mismas canciones, mientras unos saltan bailan y aman temas del pasado (tal vez de sus primeros dos o tres discos), hay quienes prefieren escuchar lo más novedoso y fiestero de la banda, por lo que nunca se le va a dar gusto a nadie y hay siempre momentos donde la cosa se siente mucho más divertida y amena que en otros. Normal en un concierto, pero un setlist poco adecuado lo complica más.
Algunos se quejaron del sonido, que si bien no era el mejor, tampoco de dejó de sonar en ningún momento, no hubo interrupciones y estaba bastante bien configurada la mezcla de instrumentos. Tal vez algunos querían más volumen o les pesó estar en la última fila del estadio.

Panteón Rococó tiene la fiesta en la sangre y la revolución en el cerebro, en el corazón, en las vísceras, pero poco a poco se empiezan a quedar atrás con la construcción de un espectáculo digno de llenar dos o tres Estadios de esta envergadura, lo hicieron antes, sorprendieron al mundo, pero no se puede vivir de los mismos logros toda la vida.
Hay que aceptarlo, no fue un concierto malo ni tampoco aburrido o absurdo, pero sí se quedó en la línea de lo intrascendente. Probablemente en uno o dos meses, todos hayamos olvidado lo que ocurrió esta noche entre cervezas y slam, pero qué concierto no es olvidable hoy en día, hace falta que alguien despierte en el público, la emoción de quedarse con el recuerdo en la memoria para toda la vida. Esto, mañana lo repiten si quieren. En un mes, dos o seis o un año, un lustro. Nos vamos a divertir otro ratito nomás.
