Reseñas Discos
Reality Awaits de The Strokes: ya no es tiempo de complacer a nadie
Julian Casablancas ya no está en edad ni posición de complacer a nadie
Texto: Sergio Rey y Gustavo Azem
La música en 2026 es compleja, no porque sea difícil de encontrar, consumir o disfrutar; de hecho, ocurre todo lo contrario. En una época marcada por la inmediatez, la sobreoferta y la sobreexposición, el arte perdió relevancia, expresiones como la música se redujeron a simples productos con una vida útil determinada por el algoritmo. Por si fuera poco, hoy parece que nadie sabe realmente qué define a una banda como tal. ¿Son los mismos integrantes? ¿El mismo sonido? ¿El mismo género? ¿La esencia de sus letras? Todas estas preguntas parecen cobrar sentido con The Strokes y su nuevo disco, un álbum que se siente, pero sobre todo, suena como un punto de quiebre en su trayectoria.
Seis años después de su último lanzamiento, The Strokes regresa con Reality Awaits, un trabajo que generó polémica entre rockeritos y puristas del “rock auténtico” incluso antes de su estreno. Los primeros sencillos dividieron profundamente a los seguidores de la banda de Julian Casablancas y compañía. El uso del autotune, la ausencia de los característicos guitarrazos y la salida temporal de uno de sus integrantes colocaron al grupo en un momento extraño de su carrera, porque para quienes los conocieron gracias a “Last Nite” o “Reptilia”, esta propuesta simplemente no suena a The Strokes.
Ese sonido de Garage Rock que te transportaba a las calles de Nueva York con solo ponerte los audífonos ahora permanece oculto entre capas de procesamiento, armonías complejas entre el bajo y la guitarra, y una atmósfera que se percibe artificial, aunque en el mejor sentido posible. Y eso resulta especialmente destacable si se considera la manera en la que fue producido el álbum. Para este proyecto, los nepo babies más queridos de la historia del rock volvieron a trabajar con el legendario productor Rick Rubin, quien venía de ganar un Grammy gracias a la producción del anterior lanzamiento de la banda, The New Abnormal, considerado por la crítica y por buena parte de sus seguidores como su mejor disco hasta la fecha.

¿Qué hay tras la producción de Reality Awaits?
Para grabar Reality Awaits, Julian Casablancas, Albert Hammond Jr., Nick Valensi, Fabrizio Moretti y Nikolai Fraiture se encerraron en un estudio casero en Costa Rica junto a Rick Rubin. Resulta irónico que, en un entorno que transmitía naturaleza y tranquilidad, The Strokes haya dado vida a nueve canciones que, a través de sus letras y de su identidad sonora, retratan una sociedad futurista fracturada entre la nostalgia y la superficialidad, dependiente de la tecnología y en la que lo auténtico se diluye en la inmensidad de la frontera entre lo real y lo artificial. Se trata de un volantazo creativo admirable y, al mismo tiempo, desalentador para todos aquellos que esperaban un The New Abnormal 2.0, repleto de canciones pegajosas y amigables con el algoritmo.
La nueva apuesta de The Strokes es arriesgada y se aleja por completo de lo que la audiencia que conquistaron durante el resurgimiento del rock de los años 2000 podría esperar. Hay momentos en los que el disco incluso se siente pretencioso, como si los proyectos alternos de Julian Casablancas, especialmente The Voidz, hubieran secuestrado a su banda principal. Sin embargo, ahí también reside parte de su encanto: una agrupación fragmentada que se reencuentra a través de un sonido completamente nuevo y que se niega a replicar sus viejos éxitos o a vivir únicamente de la nostalgia. Detrás del autotune —y, en ocasiones, gracias a él— emerge un mensaje contestatario y profundo que podría representar tanto un cierre agridulce para su discografía como el inicio de una nueva etapa. Sea cual sea el destino de la banda, tenemos un álbum nuevo para disfrutar mientras esperamos su próximo concierto en el Corona Capital.
¿Qué encontrarás en Reality Awaits de The Strokes?
Musicalmente nos topamos con un disco que abre la puerta con “Psycho Shit” que ya nos da una probada de lo que será el sonido de las nueve canciones. Es una canción melancólica, que con guitarra y sintetizadores construye una atmósfera oscura que se adorna con un ridículo autotune donde pretende destrozar su propia canción. Tiene mucho sentido cuando los arpegios taladran tu alma, y la letra te destroza poco a poco entre reclamos personales.
“You kill your prey from your nest / From behind a desk, psycho shit / You have no honor or no balls / We’re all dead, what’s your prize?What’s your prize? What’s your prize? /.To harass, just to be a pet / To be kept around keeps you so proud / A teacher’s pet, the way of death”
La podredumbre del ser humano, la maldad natural del homo sapiens, la depresión , la derrota, el rechazo a vivir como se supone, el lavado del cerebro capitalista y el atrofiado pensamiento en masa que te inyectan las redes sociales son los temas que pasean de un lado a otro en este álbum
“Dine N’Dash” empieza con las armonías complejas y la hermosa dualidad de dos guitarras peleando el protagonismo que pierden ante un inteligente bajeo que sostiene la mayoría de las canciones a pura escala, con un riff nostálgico que sigue el patrón pop de quedarse en algún rincón de tu memoria para tararear lo en la ducha o en el metro, mientras la batería hace lo posible por no sonar ordinaria, a veces en contratiempo, hi-hats inesperados y fills amateurs que termina siendo hermosamente desastrosa, imperfecta en su belleza rítmica.
Esta es la misma línea que siguen canciones como “Lonely In The Future”, “Going To Babble On”, “Tyrants of the Mellow Moon” o “The Fruits Of Conquest” y donde transitan entre ritmos bailables, frases inolvidables y peligrosa autocompasión.
“I sit him down, I tie him upI beat it out of him, alright/I beat his brains till they’re in the floor/ Until his family mourns/ I’d shoot him now if he was hereI’d slit his throat from ear to ear/ But I have sworn a life of peace/ How can I reconcile this beast?”, se sigue hiriendo Casablancas
Las baladas aparecen de la mano de “Falling Out Of Love”, aunque fácilmente podríamos decir que todo el disco es una gigantesca balada pop, aunque sus momentos de rocanrol tiene. Aunque intenta ser romántico, Julián no puede evitar arruinarlo todo con palabras imprecisas, que muchas veces parecen no decir nada, pero al mismo tiempo dejan una huella en el corazón. Rasgueos profundos y auto-tune al máximo revelan que hay mucho más en la música de The Strokes que tocar perfectamente, que sonar adecuados que ser lo que se espera.
“There once was a boy turned to Lucifer/ He haunted many spaces, got lost down many streets/ Mm, sailed the seven seas, hunted wild rhinocer-es/ Please don’t call me, man, I’m no fancy fallen angel/ Finally fell in love, finally found some relief/ Finally found his lover in the arms of a thief/ Mostly found an angle, holding on for now”
Y aunque nunca han sido una banda abiertamente de protesta, es un disco donde no dejan pasar la oportunidad de aventar su opinión del mundo de mierda en el que vivimos, donde se notan enojados, intranquilos con lo absurdo que es
“Going Shoping” nos acerca al peligro que representa el capitalismo donde solamente nos quieren consumiendo. Describen a una sociedad donde lo más importante es acumular, mucho más que seguir haciendo argeno construir comunidad, donde nos hemos separado, donde las luchas ahora son internas y personales, donde nadie ve por el bien común. No se quedan atrás las rimas de “Lonely In The Future”, donde no se tienta el corazón para señalar, acusar, ridiculizar y odiar todo lo que significa la industria mediática del pop global, o lo imprescindible que es la crítica mordaz que solamente quiere crear views y monetizar a costa del verdadero artista.
No intentes compararlo con nada más, con nadie más ni lo escuches esperando encontrar grandes piezas, el verdadero valor de Reality Awaits radica en la capacidad que tuvieron los miembros de The Strokes de sacar algo fuera valioso para ellos, para su arte y para su forma de ver el mundo en 2026, una forma de curarse, de sacarse del pecho lo que les arde, antes de conectar un hit radiofónico, un video viral de TikTok. Ya no son épocas de complacer a nadie.
