Cine
Elio, un conmovedor y emotivo encuentro cercano del tercer tipo con la soledad
Y Pixar lo ha vuelto a hacer con Elio, una sorpresiva cinta opacada por dos sendos live action pero que merece la pena darle un vistazo
Aunque pareciera que Pixar ya no es lo mismo después de 27 cintas en su haber, Elio, la vigésima octava entrada a nombre de la productora, sorprende gratamente con un relato emotivo para toda la familia, creando una galaxia visual bastante atractiva así como un viaje al infinito y más allá para ahondar en un sentimiento muy humano al que todos enfrentamos, eso con un toque de ciencia ficción y diversión que, en efecto, deja un grato sabor de boca.
De que trata Elio
Elio Solis no es un niño de 11 años como todos. Constantemente lucha por encajar en un mundo que parece no aceptarlo, ni él al mismo. No tiene amigos, no se lleva bien con su tía y constantemente se mete en problemas. Pero eso no evita que tenga una imaginación desbordante y una enorme obsesión por los extraterrestres. Un día, el chico es transportado al espacio y es identificado por error como el embajador galáctico de la Tierra. Cuando parecía que eso era la solución a sus líos, tan solo es el comienzo de otras aventuras.
Dirigida por Madeline Sharafian, siendo ésta su ópera prima después del cortometraje nominado al Óscar, Madriguera, y Domee Shi, la mente detrás de Red y el lindo corto animado ganador del Óscar, Bao, ambas crean un estudio sobre la soledad donde Elio es quien la vive de primera mano. El niño es incapaz de conectar porque cree que nadie comprende lo que siente, lo que vive o quiere, pues le cuesta trabajo lidiar con una pérdida que lo deja marcado.
La falta de conexión con su tía Olga es palpable, pero es ahí donde las directoras encuentran un interesante vínculo entre la soledad de su personaje con una de las interrogantes que ha provocado la exploración espacial: ¿acaso estamos solos en este vasto universo? Esa curiosa cuestión se torna importante y fundamental para Elio, que al no sentir alguna pertenencia aquí en la Tierra, busca creer que hay vida más allá y que es ahí donde, por fin, será abrazado.

El guion de la cinta animada va construyendo un arco de desarrollo con el pequeño Solis que, poco a poco, se percata de que la soledad no es exclusiva de él y que hay más gente que busca una conexión, que se siente rara, desplazada o incomprendida, pero que al encontrar una amistad o un sentido de empatía, lo cambia todo. En gran parte, esto se debe a la inclusión de un hermoso personaje secundario, Glordon, un pequeño extraterrestre que no quiere seguir los pasos de su especie ni de su padre, una raza conquistadora y belicosa.
La unión entre ellos nos lleva tal vez a los momentos más infantiles del filme, pero no baja la guardia al ahondar también en la exploración de la vulnerabilidad y de estar en contacto con nuestros sentimientos. El padre de Glordon, Lord Grigon, es una muestra de ello ante un bello simbolismo que remite a cómo nos ponemos armaduras para buscar que no nos hagan daño, escondiendo ese lado vulnerable.

Son esos detalles del relato lo que le suma mucho a este filme. Ni qué decir de la mirada creativa del Comuniverso donde resaltan los colores y el ingenio creativo para las diferentes especies extraterrestres que lo habitan. Entre ellos, incluso hay guiños a criaturas que han estado en otro tipo de filmes de ciencia ficción como la curiosa gelatina verde, el trípode similar a los de Guerra de los Mundos, o el ser de piedra que es un guiño a ciertos droides de la cinta de Luc Besson, El Quinto Elemento.
Asimismo, tenemos al ensamble de personajes que rodean al incomprendido Elio. Claro que Glordon y ese diseño de larva/gusano es la segunda estrella del filme, que además ayuda a que nuestro protagonista se percate de ciertas cosas y cree su primer lazo significativo. La tía Olga también tiene su peso en el relato, sobre todo en la parte climática del filme. Y aplausos al señor Jaime Maussan en el doblaje de un personaje brillante pero hilarante como lo es Melmac, regalándole un gran guiño a cierto alienígena ochentero y su planeta de origen.

Otro de los puntos destacados de Elio es, sin duda, el apartado musical. El compositor Rob Simonsen aprovecha estos elementos galácticos del relato para crear una partitura con sintetizadores muy al estilo de clásicos de ciencia ficción. Ni qué decir del aprovechamiento de un temazo de los Talking Heads, Once in a Lifetime, casi al inicio de la cinta o el tema de Miranda! original para la cinta, Quiero ser tu Amigo, que es un añadido espléndido y apuntala de buena forma el tópico de la amistad en la cinta.
Tal vez el gran punto en contra es la falta de exposición que logra tener en cartelera, pues se estrena en tiempos donde dos live actions están robándose toda la atención. Sin embargo, a pesar de los retrasos y de los pocos reflectores, Elio resulta una bella sorpresa familiar que, aunque no exuda originalidad en sus temas o sus referentes de ciencia ficción, si nos remite a cierto espíritu de aquellas cintas de ciencia ficción como Encuentros Cercanos del Tercer Tipo o E.T. el Extraterrestre, tejiendo su propia narrativa y mostrando que Pixar aún tiene cosas que decir.
