Cine
BIRD: Emprender El Vuelo, un nuevo realismo de Andrea Arnold sobre la identidad y la belleza punzante de la vida
Este relato bombea dolor y afecto como algo de esperanza en un drama que sabe golpear y sumergirnos en su propio mundo…
Dicen que el cielo es el límite, y más allá de ello, podría arriesgarme a decir que se encuentran nuestros mayores sueños, anhelos e ideas mejor concebidas. Pero para llegar a ello, debemos tener nuestros pies bien clavados en la tierra, sentir el aire en nuestro rostro y sanar con lo nuevo de Andrea Arnold en BIRD: Emprender el vuelo con una joven debutante actriz y principal Nykiya Adams, teniendo como pilares a Barry Keoghan y Franz Rogowski.
Debo ser consciente y no mentir, pero este fue mi primer acercamiento al trabajo de la directora británica: Andrea Arnold. Con el cual quedé bastante sorprendido e intrigado. Sí, me comprometí desde el asiento y reflexioné durante todo el trayecto hasta su final.
Me resulta fácil decir que este trabajo no es una cinta ingenua, ya que nos invita a entender los aportes más pequeños como algo grande, trazar dos líneas visuales entre lo real e imaginativo que podemos ser en nuestro momento silencioso y de mayor desesperación. Hay drama, hay toque de realidad, y un atrevimiento para encontrar un espacio fantasioso lo cual nos dará un nuevo realismo que alguna vez vio la luz en la Francia de los 60’s, pero bajo los ojos y términos de su creadora.

BIRD: Emprender el vuelo no busca ser solamente una película que gane premios. Busca ser algo con identidad, con alma, un drama social y honesto con el espectador sin ser en su totalidad una pornomiseria dramática. Donde nos indica su cineasta Andrea Arnold que hay una realidad y mirada que muchos no ven o voz que no se escucha, pero sobre todo, hay alguien que quiere emprender el vuelo, y formar parte de miles de voces que buscan esperanza, luz y el plumaje correcto para empoderarse.
Aunque este ejercicio es algo pequeño, tanto en el enfoque visual como técnico, es enriquecedor y sanador en su historia y actuaciones. Y entre poco o mucho, vamos a ver si la nueva obra cinematográfica de Arnold vale toda esta carta presentación que hemos gastado y escrito sobre ella o solamente fue el plumaje lo que nos sorprendió y nos dejó atónitos para algo que no vale la pena emprender el vuelo.

¿De qué va BIRD: Emprender el vuelo?
Bailey (Nykiya Adams), de 12 años, vive en un departamento con su padre Bug (Barry Keoghan) y su hermano Hunter (Jason Buda) en un lugar rodeado de caos y adicciones como de sueños frustrados y esperanzas perdidas.
Su padre le muestra una gran oportunidad para que todos sus problemas se acaben, un sapo del amazonas y el cual segrega un líquido por el cual se va a pagar una buena cantidad de dinero. Aunque lo que Bailey no sabe, es que su papá juntará ese dinero para pagar únicamente su boda con la mujer de su vida y alguien que conoció hace meses.
A partir de esta noticia, la vida de Bailey dará un giro drástico, creando una guerra personal contra su papá por tan inesperado anuncio y no considerarla en esto. Así que desde ese momento, su mundo comenzará a temblar, resquebrajarse y cambiar todo el panorama que ella vivía con sus propios ojos y a través de su celular al grabar de vez en cuando animales que vuelan.
En su andar por este nuevo camino y al intentar buscar una nueva identidad, un sentido de pertenencia y el amor que su padre le ha arrebatado. Conocerá a un adulto de nombre: Bird ( Franz Rogowski), el cual es un alma buena e inocente como alguien complejo.
Dicho encuentro cambiará su vida de manera extraña, hasta tocar ese lado personal al emprender un viaje hacía nuevos escenarios, retos, la pubertad misma, y aquella fantasía que nos llevará por un lado social crudo, angustiante y muy realista para que BIRD y nuestra visión como compañía desde el asiento, podamos Emprender El Vuelo.

“¿Cómo que no te importa mi sueño? Estás acostumbrada a arreglarlo. A ocuparte tú misma de las cosas.”
Tras American Honey (2016) y Cow (2021) Andrea Arnold, regresa de manera interesante como directora y guionista a la crudeza de los barrios para construir un drama puro de ensueño, el cual muy profundamente se vuelve algo sobre la misma identidad, la adolescencia, lo reflexivo de la vida y la redención de ciertos actos, una fábula y un hermoso cuarzo, duro y resistente.
Si algo debemos destacar de entrada en el trabajo que nos muestra Andrea Arnold en BIRD, es que no ocupa su arma y lente cinematográfica para mostrarnos algo impoluto, una realidad muy bien maquillada. Al contrario, introduce ciertos aspectos para hacer que este producto funcione, se sienta tan palpable. Dichos aspectos oscilan entre ese aspecto de quiebre, la verosimilitud y la fuerza de su narrativa, así como sus elementos de realismo mágico. Y que resaltarán un poco más, gracias al trabajo en fotografía de Robbie Ryan.

Lo anterior se refleja mucho en el personaje de Bailey (Nykiya Adams) quien inmediatamente nos adentra a su doble mundo, la realidad que la rodea y aquel mundo donde quisiera estar, el cual captura a través de la lente de su celular. Punto clave que nos presenta el mundo animalesco y el conflicto que este jugará a lo largo del filme, siendo algo muy importante para ciertos personajes. Y haciendo un paralelismo entre Arnold y la protagonista del filme, una realidad y ficción que no se finge, se siente.
Desde el nombre del papá (Bug) y su sapo alucinógeno, un perro que defenderá a unos pequeños, una gaviota que acompañará a nuestra principal de vez en cuando, un cuervo así como las moscas atrapadas a través de un cristal, las mariposas que nos harán contemplar su belleza, siendo esto un detalle importante que se presentará desde la mirada de Bailey, indicando una evolución por fases y necesaria para nuestra protagonista. Pero esto intentaremos explicarlo más adelante.

Claro que podríamos aplaudir su estética visual algo sucia y nada pulida, sobre cada decisión de cámara y su debido montaje, donde nos habla y resalta las limitaciones éticas y estéticas que BIRD tuvo. Pero esos detalles son lo que vuelven este trabajo algo genial, donde con poco se logra mucho y nos acerca de manera más íntima a los personajes en cuestión, como si fuéramos un personaje más y alguien silencioso en esta historia.
La manera en que Andrea Arnold nos acerca a su proyecto es tan natural, tan punzante y bestial que evoca algo de nuevo realismo. Sin olvidarse de ser empática con sus personajes, intentando quedar bien con todos y muy a su manera.
Si hay algo que debemos comentar sobre el guión de BIRD, es que el drama de la autora y directora son aquellos elementos de lo social y la fantasía que se llevan de la mano, una esencia de su cine; logrando hacer entendible su texto para luego atreverse a extraer de las imágenes los mejores, peores y más extraños momentos para que sea una experiencia única, llena de intensidad y algo original para el currículum de Arnold.

Aunque a veces BIRD deja momentos abiertos para la interpretación del mismo público, de igual forma pone a la deriva otros detalles o hace insinuaciones que descolocan un poco de la trama.
BIRD es un drama gratuito y gamberro que nos pide toda nuestra atención para que al final aceptemos una gran superación tanto de entretenimiento como en nuestro interior, lo cual, se desarrolla de una forma única donde la misma Arnold se luce, y sabe balancearse para traer consigo la sencillez, un toque de oscuridad fugaz con su pornomiseria (la mamá de Bailey y su novio actual) para que amarre el gancho, y volver a calentar el motor con su gran fantasía y esa luz como una emoción inteligente que nuestra alma y atención necesita.
Todo aquello puede ser o no aceptable para el espectador.

El corazón de BIRD apuesta todo por este relato, el cual bombea dolor y afecto como esperanza para luego envolverse con plumas para calentarse más. Y se adentra a la belleza de lo punzante con su toque de fantasía, haciendo que este trabajo nos presente la realidad e imaginación por separado para luego fusionarse y jugar un poco.
Llevándonos a algo emocionantemente profundo, BIRD sabe golpear y sumergirnos hasta un punto de no saber cómo procesarlo y por dónde, o por lo cual querer comenzar al hablar o escribir. Sí, el mismo problema que tuve al escribir este texto.

Vamos a escalar en otro punto, el cual es su apartado musical de este filme es demasiado interesante y muy importante para cada acto dentro del trabajo de la directora británica.
Comenzamos duro el filme con los procedentes de Dublin y que destilan su post-punk con un volumen fuerte: Fontaines D.C y su tema Too Real, el cual adorna una secuencia entre Bug y Bailey mientras viajan en un scooter eléctrico. Dando un collage de imágenes urbanas y un acercamiento más profundo como caótico en donde la mayoría de la historia tendrá su desarrollo.

Pero si esto es mucho para ti, también tenemos ese momento de tranquilidad donde BIRD nos ablanda y acaricia el corazón, desafía todo lo que pensábamos y esperábamos para sorprendernos con calma al entonar Yellow de Coldplay. Una escena que marca un punto de inflexión para el personaje de Keoghan y Adams, dando como resultado algo alucinógeno pero que nos permite respirar entre todo su desmadre de drama.
Y para un “fino” tercer acto se escuchará, algo que por definición sería LAS CANCIONES DE PAPÁ: Lucky Man, de The Verve. Tema que adorna una reconciliación, una transformación, una libertad y calma en un nuevo panorama que de igual forma se transmite hacía el espectador con una extraña melancolía.
Esos tres temas junto con otros, juegan con la narrativa, ambientes y diálogos para dejar un oído endulzado en BIRD.

Siempre en el trabajo de Andrea Arnold se resalta la figura femenina, la cual siempre tendrá un protagonismo dentro de sus filmes y respetando el tono de la misma. Y aquí no se marca la diferencia, al contrario, se reafirma cuando su figura femenina debe sobrevivir en un ambiente hostil que la rodea día a día con ciertas vicisitudes, las cuales no suelen ser buenas pero permiten que la trama y desarrollo se aprieten más para que preparemos el pañuelo.
El debut protagonico de Nykiya Adams en Bird: Emprender El Vuelo logra ser gratificante, fresco, comprometido y con un brillante plumaje. Adams se toma en serio su rol, lo hace tan suyo que compras su rebeldía, su miedo, angustia y tristeza silenciosa, así como el buscar una identidad mientras da paso a una adolescencia gris y nada clara. Lo cual no sería posible sin los dos pilares que tiene consigo en ciertos momentos del filme. Por un lado, tenemos a Barry Keoghan (Bug) su padre, y por otro lado, Franz Rogowski (BIRD).

Keoghan logra elevar y empujar a Adams en los momentos de tensión, caos y enojo, mientras que Franz Rogowski será lo que Adams siempre ha buscado en su padre, calma, sinceridad, alguien humano que no juzga, que entiende, ama y comprende abrazando su dolor y teniendo empatía por el otro, aunque sea desconocido. Permitiendo que tanto el personaje como la actriz evoquen ese sentimentalismo que el momento necesita.
Cada interpretación es ad hoc a lo que BIRD necesita, a lo que el momento requiere ya sea en caos, tranquilidad y reflexión. Rogowski y Keoghan desprenden energía a alto nivel en polos opuestos, haciendo que eso funcione para Adams a la hora de compartir escena.

Andrea Arnold es tan natural, punzante y directa cuando se equipa detrás de la cámara con pocos recursos y nos cuenta un relato sucio que camina entre la realidad y la fantasía de un drama social con el barrio más puro en su sistema, así como algo de en sueño y muy humano con el andar de la protagonista en cada acto. El guión de Arnold evoca un nuevo realismo y coquetea con muchas cosas para hablarnos sobre la búsqueda de identidad, el soltar y descubrir con dolor y extrañeza nuestro camino.
De igual forma BIRD: Emprende el vuelo con su apartado musical punk, rock y pop con Fontaines D.C, Coldplay y The Verve en su gusto musical. Sin olvidarnos de su trabajo visual que goza de ciertas figuras y detalles que amarran más ciertas escenas, momentos y endulzan uno que otro diálogo.

El debut de Nykiya Adams como protagonista de BIRD es algo gratificante, fresco, comprometido y con un plumaje único, intenso y brillante; Keoghan y Rogowski son dos pilares muy importantes para que Adams vaya de un extremo a otro y logre dar el tono correcto a su actuación. Esta tercia actoral desprende una pinche energía intensa, que a veces, solamente podemos ver en teatro o ciertas producciones cinematográficas que nos dejan con buen sabor de boca. Y el producto con el cual desprenden mucha energía en la pantalla es único en su especie, lo cual vale el visionado.
