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In Rainbows de Radiohead: el disco que cimbró la industria musical
In Rainbows de Radiohead cimbró a la industria musical gracias a su forma de distribución: desde su sitio web con el precio que los fans quisieran
El 10 de octubre de 2007 no solo se publicaba el séptimo álbum de estudio de Radiohead, In Rainbows, también la mafia de la industria musical recibía uno de los golpes más fuertes de su historia moderna, uno que, si bien no la aniquiló, sí la obligó a replantearse algunos de sus viejos paradigmas para actualizarse.
Radiohead volvía a romper el silencio, después de cuatro años de ausencia en los estudios de grabación, estaban de regreso y no solo con un nuevo álbum, bajo la misma línea del OK Computer pero con temas más aterradores que los de su antecesor cibernético, el grupo originario de Abingdon, Inglaterra estremecía nuestros oídos con una taciturna oda electrónica al rock llamada In Rainbows.

Cuando Radiohead decide regresar a los reflectores, nos es para pasar desapercibido, Thom Yorke y compañía habían decidido volver para cimbrarlo todo a su paso como un auténtico terremoto sonoro. El regreso sonaba provocador y disruptivo, con un rock cercano al progresivo lleno de instrumentos tan furiosos como melancólicos, los británicos parecían traer una verdadera bomba.
Con 10 temas inéditos, el “arcoíris tóxico” como lo definió Stanley Donwood constituía no solo una continuidad en su discografía también daba la pauta a seguir en la era de las entonces novedosas descargas digitales. Siniestros y melancólicos, los temas eran la prueba de que el talento de la banda seguía intacto. Al ponerlo a la venta en su propia página web y dejar que los seguidores pusieran el precio de la descarga, el grupo parecía sacudir los cimientos de la industria.
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Aunque no puso fin a más de 50 años de dictadura de las disqueras mafiosas, sí le asestó un duro golpe que las obligó a replantarse:adiós a las obscenas ganancias del 900%, el férreo y totalitario control sobre las bandas, pero sobre todo al mito de que la piratería tiene a la industria en crisis y por eso castiga a los músicos con sus prácticas dignas de la “cosa nostra”. Si bien no fue el golpe mortal que la aniquilaría sí cambió el escenario y la forma de participar en él, con más opciones para consumir y producir música, impensable antes de que ocurriera y con ello le abrió la puerta al streaming.
El sonido de un alma agotada por la vida posmoderna
Entre la apasionada “15 step” y la frenética “Bodysnatchers” pasando por “All I Need”, Radiohead supo mantenerse vigente al ofrecer a su público uno de sus mejores álbumes. Al final cada pista encaja con una precisión milimétrica en este rompecabezas sonoro, de nuevo todo en el lugar correcto: hay que seguir avanzando, buscando sobrevivir, que los recuerdos se queden en un obsoleto “Videotape” como el que acompañó la edición especial del OK Computer en 1997, lleno de escenas borrosas y estática interfiriendo los momentos más dolorosos o quizá ¿los más felices?
“Faust Arp” es el idilio perfecto con hadas dentadas a tu alrededor mientras te das cuenta de que otra vez el dinero no te alcanzó para ahorrar, que la vida sigue fluyendo casi a la fuerza, que el futuro es cada vez más incierto en el gran hacinamiento que llamamos ciudad. “Reckoner” trae una tensa calma donde los tonos te atormentan pero que también te ayudan a sobre llevar la tragicomedia que llamamos vida. Yorke es como ese compa que lee mucho y cree saberlo todo, aquel que bebe ajenjo con dos de azúcar.
Olvida la “House of Cards” que construimos cuando estábamos juntos, yo haré la mía, una brisa ligera nos recordó la fragilidad de la vida, porque ni la estructura más sólida soportará los sismos venideros. Melodías que son un bálsamo para el alma agotada por la vida posmoderna tardía, canciones con códices indescifrables que quedaron como premoniciones de un futuro distópico que ya nos alcanzó y del que el “Doc” Brown nunca nos rescató.
Con un lento y amargo piano que suena como un animal herido de muerte en el oscuro bosque de la incertidumbre por el futuro, que lucha por salvarse, aullando a las míticas lunas de octubre, reconoce que han pasado 18 años y la cinta de la vida sigue girando sin parar, el Soundtrack del “arcoíris tóxico” nos arrastrará de vuelta a tiempos difíciles que sobrevivimos gracias a su ímpetu de encantadora perversidad, mantras que repetiremos una y otra vez en búsqueda de iluminación en un reproductor digital, ya sea en el trabajo de oficina o atorados en el tránsito bajo la lluvia.
