Cine
Muertamorfosis, una arriesgada apuesta con IA para crear un mundo kafkiano
Lex Ortega vuelve a provocar a la audiencia con Muertamorfosis, la primera cinta mexicana hecha completmente con IA que entrega un polémico resultado
Si hay un cineasta mexicano que se ha caracterizado por provocar siempre en el terror, ese ha sido Lex Ortega. Ahora, con Muertamorfosis, se anima a usar solamente inteligencia artificial para crear este relato de poco más de una hora con sexo, violencia, horror corporal, ciencia ficción y todo aquello que caracteriza al maestro del gore mexicano. Con el apoyo de voz de su amiga Gigi Saul Guerrero, el resultado es imperfecto pero interesante.
De que va Muertamorfosis
Lisa (Guerrero) es una joven entomóloga, vive de forma solitaria y está obsesionada con la suciedad de la ciudad así como en la vida de los insectos. Pero un día, ella queda atrapada en los túneles del drenaje subterráneo de la Ciudad de México mientras sucede un catastrófico evento meteorológico. Es ahí, en ese entorno oscuro y opresivo, donde ella deberá adaptarse para sobrevivir, enfrentando una progresiva deshumanización y luchando contra la decadencia psicológica causada por el aislamiento.

Una de las características de Muertamorfosis reacae en la exploración de los miedos primarios del ser humano. Ortega no teme en mostrar la descomposición del cuerpo humano, llevando al límite las ideas y metáforas de Franz Kafka y su Metamorfósis, donde su protagonista se convertía paulatinamente en una gran cucaracha. Aquí, Lisa se va transformando en aquello que más le gusta y obsesiona mientras comparte el hábitat de las mismas criaturas.
Otro punto que hay que mencionar es la mirada a la ciencia ficción que Lex maneja en este relato y que, honestamente, no hubiera podido crear en un live action. Es ahí donde la mano de la inteligencia artificial le funciona, pues no tiene empacho en crear un cataclismo en plena CDMX, algo que se ve bastante atractivo con todo y los detalles que provoca tener toda una secuencia, por no decir una cinta entera, generada gráficamente con pura IA.

Si bien se entiende el uso de esta tecnología por parte del mexicano, que realmente la utilizó como herramienta debido a la falta de presupuesto para crear su visión completa, Muertamorfosis si peca de algunas situaciones derivadas del mismo uso de la IA. Una de ellas es la mirada gráfica de la misma, pues en el afán de crear a una protagonista con rasgos latinos y atractiva, si hay momentos en que el programa se muestra bastante burdo y falso al generarla.
Otro de los detalles en los que este experimento falla es en el sentido del ritmo, pues la cinta llega a sentirse por momentos pesada en su ritmo, como si observáramos solamente una secuencia de largas viñetas pegadas por una mente creadora como lo es Ortega. Sin embargo, también se aprecia la complicación que esto presenta. Y es que Lex alimentó a la IA de todo el material, teniendo que pasar cerca de 12 horas diarias durante la creación del mismo para concretar una mirada mucho más homogénea entre los diferentes bocetos creados por la misma.

En cuanto a la narrativa en voz en off, Gigi se mantiene bastante fría durante la misma, incluso en los momentos más duros o asquerosos del relato, haciendo que no conectes del todo con la odisea de la protagonista. Claro que aquí también hay un poco de culpa en las líneas de un guion que parece explorar de repente la sexualidad libre de Lisa de forma muy burda, rozando casi en el pecado capital de algunos momentos que no tienen sentido. Esa irregularidad tampoco ayuda al ritmo del filme.
A pesar de ello, Muertamorfosis si logra crear un universo bastante perturbador, explorando sobre todo la vertiente de la suciedad y podredumbre de una urbe que es consumida poco a poco por el desastre que la azotó. Pero sobre todo, la loca mirada de Lex si consigue dar un histórico primer paso al fusionar la innovación tecnológica con un horror poético que nos devuelve a la animalidad de nuestro ser, esa que aquí sale a flote y nos va mutando a nuestro estado natural, similar al dilema visto en Animales Humanos (2020) pero llevado a un punto extremo.
