Cine
Gatillero, un brillante thriller de barrio que refuerza el poder de la gente
Ganadora a Mejor Dirección en el Macabro XXIV, Gatillero es otra chula historia que viene de Argentina con una propuesta llamativa de cine independiente
El cine argentino siempre tiene buenas propuestas, incluso del lado independiente y de género. Gatillero, dirigida por Cris Tapia Marchiori, es la prueba de cómo el talento existe al dirigir un filme contado en tiempo real que sabe capturar la intensidad en la vida del barrio, sumándose a una larga lista de propuestas como Cuando Acecha la Maldad, Puan, entre otras, que ponen en alto este tipo de historias arriesgadas y diferentes.
De que trata Gatillero
Pablo “El Galgo” Correa (Sergio Podeley) es un ex-sicario recién salido de la cárcel tras una larga condena que desea volver a encontrase con su hija pequeña. Para ello, acepta un trabajo que parece sencillo; disparar a un comercio para asustar al dueño. Sin embargo, cae en una trampa y comienza a ser el blanco de una persecución que provoca un caos en el barrio Isla Maciel, lo que desata el caos en la zona. La batalla por su vida y por el barrio apenas comenzó.
Simplemente dicho, Gatillero es una historia cruda de tragedia y redención, donde destaca la gran labor de Tapia Marchiori al optar por narrarla en un único plano secuencia donde todo acontece en una noche de barrio. La complejidad y dinámica que le inyecta a este thriller resulta en un ejercicio brillante de un individuo que forma parte del problema social del lugar en donde vive teniendo un interesante arco que lleva al “Galgo” a convertirse en una especie de antihéroe.
Uno de los grandes aciertos del filme es, sin duda, la labor que hace Sergio Podeley, que abraza por completo el alma de Pablo “El Galgo”. Desde el primer minuto que aparece en escena, Tapia Marchiori lo suelta solo por un breve instante para darle un respiro, mismo que funciona como un punto de inflexión para el arco del personaje. La intensidad que demuestra, junto al dolor y la tensión en sus expresiones acompaña de forma estupenda el ritmo que el plano secuencia requiere.

Alrededor de él tenemos un abanico de personajes secundarios que sirven como ejemplo para la batalla que se libra en esta noche. Y es que Gatillero no solo plantea la batalla por el barrio al que “El Galgo” pertenece, sino una por la misma alma del protagonista que sabe debe tomar un bando, ya sea el de los criminales que tienen subyugados a los habitantes del lugar o el de la ‘barriada’ y la sociedad que quiere aprovechar para quitárselos de encima.
Es ahí donde la historia de Tapia Marchiori también adquiere una relevancia importante que funciona como una mordaz crítica social que nos recuerda que el pueblo realmente está solo y tiene que librar sus batallas por sí mismo. Existe ese momento de confesión dura en el filme, donde los vecinos claman que han sido olvidados por el gobierno, la autoridad y todos. Es ahí que Gatillero funciona también como un balazo a un sistema que se olvida de quien los empodera, ya sean políticos o incluso narcotraficantes.

Si bien no existe la figura central de un villano, si hay una labor interesante por parte de Matías Desiderio como aquella figura sedienta de poder que realiza una movida por tomar el control del barrio. Su caracterización pareciera todo un cliché pero es el reflejo de aquellos a quienes el dinero y la ambición los mueve sin temor a las consecuencias. Existe entonces una contraparte entre esas facciones, aquellas que representan el abandono y corrupción del sistema contra aquellos que son víctimas de ello.
Gatillero también destaca en su trabajo de edición. Aunque todo es visto y dirigido en una sola secuencia, se sabe que hubo un trabajo de armado para el filme de planos largos (no se sabe a cuantas tomas). Lo magnífico es que no se nota en absoluto, además de que el ritmo del filme se mantiene acelerado, explosivo, con breves momentos para que “El Galgo” se dé un respiro de la locura que lo rodea mientras huye de las autoridades, de los criminales o hasta del mismo barrio. Asimismo, la fotografía captura la esencia completa de la Isla Maciel, un barrio bravo al más puro estilo de Tepito en México, que cobra vida dentro de la desventura del protagonista.

Otro gran acierto de esta cinta independiente argentina recae en su banda sonora que corre a cargo de Santiado Pedroncini, misma que contagia del dinamismo y la explosividad que la historia requiere. Todos esos factores justifican que Gatillero haya sido de lo mejor que la edicion 24 del Festival Macabro, llevándose incluso el reconocimiento a Mejor Dirección en la categoría de Fantasía Oscura, Sci Fi y Thriller.
Es así que la mirada de Cris Tapia Marchiori, que fue un regreso a sus raíces del barrio y a quienes agradece profundamente en los créditos, resulta no sólo ser un gran thriller entretenido sino que nos recuerda el poder que la gente puede tener para levantarse y recordar que el barrio solamente es de la gente que vive y hace de él lo que es, sin importar el olvido de las autoridades, el sistema o la misma criminalidad.
